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Paco Ibáñez, Pedro Guerra, Quico Pi de la Serra y Matye Martín en el concierto independentista del Camp Nou

 

Salvador López Arnal

No habrán sido muchas las veces en las que la directiva del Barça ha
dejado el Camp Nou gratuitamente. Mi memoria no acuña ninguna ocasión.
Pero en esta ocasión la directiva neoliberal de Rosell-Nike lo va a
ceder, lo ha cedido ya, gratuitamente para el “Concert per la
llibertat” del próximo 29 de junio, un encuentro político-musical
organizado y diseñado para reclamar la independencia de Cataluña (¿con
el apoyo de la Fundación Qatar?). Ni derecho a decidir, ni derecho a
la autodeterminación, ni formulaciones alambicadas para calmar al
personal. Todo clarito pero en absoluto distinto: independencia,
independencia.


El concierto está organizado por el Omnium Cultural (su presidenta fue
militante del PSUC en la Universidad Autónoma de Barcelona) y la
Assemblea Nacional Catalana (la ANC), la organización independentista
y marcadamente nacionalista (y fuertemente antiespañola sin más
matices delimitadores) que organizó la manifestación del pasado 11 de
septiembre de 2012, la del (re)cuento-ficción de los 2 millones de
ciudadanos y ciudadanas, otro de los mitos instalados en el imaginario
del nacionalismo catalán, en el conservador y en el no conservador.


Han vendido 40 mil entradas hasta el momento [martes 4 de junio].
Aspiran a vender 70 mil [1]. Lo conseguirán fácilmente. No es
imposible que llenen el Camp Nou. Sin restar mérito alguno, el Barça
lo consigue cada dos semanas (o dos veces por semanas si hay Copa,
Liga y Champions). Bruce, los Rolling o U2, si mi memoria no me falla,
también alcanzaron cifras similares en su momento.


El precio de las entradas oscila entre los 12 y los 150 euros; para
cubrir gastos organizativos se afirma. ¿Quienes pagarán 150 euros por
una entrada, más de la tercera parte del salario de los minijobs que
defienden, al alimón y con entusiasmo, don Salvador Alemany y don Mas,
el que ratificó en su puesto de conseller a un fanático neoliberal que
negó que la salud fuera un derecho ciudadano [2]? Como el catolicismo
conservador suele criarles y ellos suelen juntarse en fiestas y
reuniones, constituirán probablemente la fila 0 del encuentro. Podemos
conjeturar fácilmente con alta probabilidad de acierto su color
político.


Participarán, según se ha informado, unos 60 artistas. Hay, pues,
concierto para rato, para la noche nacionalista más hermosa. Entre los
convocados que ya han aceptado se dan los nombres de Lluís Llach (que
ya dijo en su día que no volvería a cantar más en público), Marina
Rossell, Sopa de Cabra, el Orfeó Català, la Orquesta Simfònica de
Barcelona i Nacional de Catalunya, incluso Maria del Mar Bonet, a la
que hasta ahora no se le conocían veleidades independentistas. También
Peret y Dyango. ¡Qué sorpresas nos da la vida!


Otros nombres hacen más daño, mucho más daño. Paco Ibáñez, Mayte
Martín, Quico Pi de la Serra y Pedro Guerra participarán también en el
recital nacionalista. ¿Vindican también ellos la independencia de
Cataluña? ¿Tampoco ellos quieren pertenecer a una comunidad de la que
formaron o forman parte Pi i Margall, Rosalía de Castro, Miguel
Hernández, Antonio Machado, Luis Cernuda, Carmen Linares, Dolores
Ibárruri, Salvador Puig Antich o Salvador Espriu? ¿Habrá traducción
simultánea al catalán, el único idioma oficial del futuro Estado
independiente según dicen sus partidarios, cuando canten Paco Ibáñez o
Pedro Guerra? ¿”Concert per la llibertat” para designar un encuentro
político-musical  independentista donde se gritará una y mil veces que
España –así, sin más matices- nos roba y nos explota y lemas afines,
con la presencia más que probable del molt honorable Mas, del molt
intocable Pujol (¿Y Oriol Pujol?) y del muy poderoso Salvador Alemany
que, por supuesto, jamás han explotado ni robado? ¿A un recital así
deben dar su apoyo gentes que nos han hecho, de los estamos hecho
muchos de nosotros como Paco Ibáñez, Pedro Guerra, Pi de la Serra o
Mayte Martín? ¿Pero no éramos internacionalistas y mirábamos
críticamente los nacionalismos? ¿No estábamos por la unión de los
pueblos y las culturas? ¿No cantábamos “España en marcha”, “La poesía
es un arma cargada de futuro” o aquel poema de Quevedo sobre el dinero
como guía y poderoso caballero? ¿No soñábamos un mundo al revés? ¿No
decíamos que era bueno contaminarse con todos y entre todos? ¿No
cantábamos con pasión y emoción canciones de la resistencia hispánica,
de toda ella, sin distinciones regionales y nacionales, contra el
fascismo? ¿El flamenco no era un punto de unión y riqueza entre
pueblos como el catalán y el andaluz? ¿No gritábamos aquello de que si
“els fills de puta” (con perdón para las personas implicas) volasen,
sin distinción de lenguas y nacionalidades, no veríamos nunca el sol?
¿Algunos y algunas de los promotores y asistentes no están afectados
por ese lema?

PS: Mientras tanto, y para que quede claro la pasta y el alma de las
que están hechos los miembros de la gran burguesía catalana (tan
parecida en general a la burguesía rancio conservadora de la meseta y
de otras ubicaciones próximas), un constructor admitió el pasado lunes
3 de junio ante el juez que facturó al Palau 910.000 euros [3].¿Por
qué? Por unas obras que hizo no en el Palau sino en el domicilio
particular de don Fèlix Millet en l’Ametlla del Vallès. ¡Miren, miren
la “casita”, vale la pena! Don Emilio Vidal, administrador de la
empresa Triobra, “dijo que modificó el concepto de las facturas por
indicación del que fue número dos y mano derecha de Millet al frente
de la institución musical, Jordi Montull”. Según el propio Vidal su
contacto en esos trabajos fue siempre don Montull. Fue él quien le
dijo que debía facturar al Palau los gastos [4]. ¿Al Palau? Sí:”la
institución tenía una deuda pendiente con Millet que, de esa forma,
quedaría salvada”. Cambio de cromos: ¡qué cosas tan originales que
hacen nuestros prohombres!
¿Dudó el constructor en algún momento de la legalidad de esta curiosa
maniobra financiera? No, por favor, ni un instante, ni se le pasó por
la cabeza. Ninguna de sus neuronas admitió ese imput. ¿Y por qué?
“Porque confiaba en la “honorabilidad” del ex presidente del Palau”.
Don Millet había sido galardonado por distintas administraciones
españolas (y catalanas) y, por si faltara alguna gota de
honorabilidad, estaba a punto de recibir la Medalla de Oro de
Barcelona. ¡Nada menos!


¿Y de qué obras se trataba? Cuatro tonterías, nada importante, unos
arreglitos: la construcción de un auditorio (una reproducción, a
pequeña escala, del edificio del Palau). Para completar y superar
tanta austeridad y alta cultura, el sótano de la casa de don Millet
alberga un gimnasio y una piscina climatizada. ¡Todo sea por el
estatus de una de las veinte mansiones (o más) de la familia en su
querida Cataluña, el país donde, según el interesado, mandan 400
familias a su antojo!


Estas son las formas de hacer de las clases que dicen (y no dicen),
quieren (y no quieren), llevarnos y conducirnos a la independencia del
país de Salvat-Papasseit, Teresa Pàmies, Paco Fernández Buey y Neus
Porta. A eso le llaman un Estado nuevo y un proceso de liberación
social.


Notas:
[1] El País, 4 de junio de 2013, p. 5 (Cataluña)
[2] ¿No hay ningún derecho a decidir pendiente de ejercicio en este ámbito?.
[3] Jesús García Bueno, “Un constructor admite que facturó al Palau…”,
Ibidem, p. 3.
[4] Triobra cargó la mayor parte de los trabajos a la fundación del
Palau, mientras otras fueron a cargo del consorcio del Palau (la
entidad encargada de vehiculizar las ayudas de las administraciones
públicas).

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del
CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat
Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

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