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Miguel Hernández

Diversos comentarios sobre el poeta Miguel Hernández

Miguel Hernández

Hemos preguntado a diferentes personas su opinión sobre Miguel Hernández.

  • Mi Miguel -y no es tartamudeo- Hernández empieza con estos ojos grandes y claros, como asombrados, en una cara frutal, apatatada a pesar de ser guapo, unos ojos con mucha alma. Sus versos huelen a limón, a almendro, a tierra húmeda, a sangre, a leche, a miel, a cebolla, a alpargata, como olía su tierra de Orihuela. Me quedo, sobre todo con sus primeros versos, porque dan unas ganas tremendas de seguir leyendo o escuchando: "Me tiraste un limón y tan amargo", "Una interior cadena de suspiros/al cuello llevo crudamente echada", "Te me mueres de casta y de sencilla", "Tengo estos huesos echos a las penas", "Me llamo barro, aunque Miguel me llame", "Como el toro he nacido para el luto", "Una querencia tengo por tu acento"...Y qué decir de los finales, pues consigue hacer uno de los finales más acertados que se conocen, algo rematadamente difícil, com la expresión más sencilla "que tenemos que hablar de muchas cosas,/ compañero del alma, compañero" Me parece entrañable que en plena guerra, en el frente, mientras animaba a sus camaradas con sus versos, escribiera aquello de:"Tristes guerras/ si no es amor la empresa/ Tristes, tristes" .Y más el que acaba: "Menos tu vientre/ todo es oscuro/ menos tu vientre / claro y profundo. La cumbre de su poesía, digamos, germinal es a mi parecer "Hijo de la luz y de la sombra" y la de su poesía social, "Andaluces de Jaén", que es también cosmogónica. Por ejemplo cuando dice de los olivos que "no los creó ni la nada,/ ni el dinero, ni el Señor/ sino la tierra callada,/ el trabajo y el sudor/ que unidos al agua pura/ y a los planetas unidos/ juntos dieron la hermosura/ de sus troncos retorcidos" ¡Qué manera de decir lo que quiere decir! Pero también me admira mucho de este artista su valor como hombre que supo estar a la altura de las circunstacias en el goce y el dolor. ¡Y qué circunstancias, las suyas: la pobreza, el frente de batalla, la cárcel franquista en la que murió...! (Mercè Romaní )
  • Miguel Hernández és un poeta lligat a la meva joventut. Ens arribà amb les cançons de Serrat -aquelles emocionants inoblidables "Nanas de la cebolla..."- i amb la guitarra i la veu vibrant i inconfusible de Paco Ibáañez "Andaluces de Jaén, aceiturenos altivos..."- . Vibràvem amb aquelles lletres carregades de dolor i de poesia, i alguns joves estudiants de llavors, sota aquella influència, es van sentir poetes.
    No ens l'havien explicat a l'escola ni havíem llegit els seus versos en el batxillerat al costat dels de Machado, amb qui va compartir el dolor dels ideals i del país trencats. Miguel Hernández encara estava mig proscrit i la seva poesia també quan ja portava més de vint anys mort. Llegir-lo, recitar-lo és el millor homenatge que li podem fer. I sentir amb les seus versos aquella mateixa emoció del primer cop que el llegírem... i que el temps no esborra. (Agustina Rico)
  • Tiene que haber varias razones de la respuesta excepcional, en intensidad y en extensión, que está recibiendo la iniciativa de la conmemoración de Miguel Hernández. Algunas de esas razones serán compartidas por todo el mundo, y del mismo modo, más o menos; por ejemplo, la autenticidad de la poesía de Miguel Hernández, en la que, si se prescinde de algunos ejercicios de adolescencia, no se encuentra una palabra de más. Otras motivaciones serán menos generales. La mía es la verdad popular de Hernández: no sólo de su poesía, en el sentido de los escritos suyos que están impresos, sino de él mismo y entero, de los actos y de las situaciones de los que nació su poesía, o en los que se acalló. Al decir eso, pienso, por ejemplo, pero no solamente, en aquella fatal indefensión de Hernández en su cautiverio. Hernández fue un preso del todo impotente, sin enchufes, sin alivios, sin más salida que la destrucción psíquica y la muerte, como sólo lo son (con la excepción de dirigentes revolucionarios muy conocidos por el poder) los oprimidos que no someten el alma, los hombres del pueblo que no llegan a asimilarse a los valores de los poderosos, aunque sea por simple incapacidad de hacerlo y no por ninguna voluntad histórica. O por ella, naturalmente. Las últimas notas de Hernández que ha publicado hace poco la revista Posible documentan muy bien el aplastamiento moral que acompaña a la destrucción física del hombre del pueblo sin cómplices y, por lo tanto, sin valedores en la clase propietaria del Estado, de las fábricas y de las cárceles. La autenticidad popular de la poesía madura de Hernández es tan consistente porque se basa en esta segunda, en la autenticidad popular del hombre muerto, como el Otro, entre dos o mas chorizos, y como ellos. (Salvador López Arnal, escrito de homenaje leído el 20 de mayo de 1976 en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona, con motivo del XXXIV aniversario de la muerte del poeta.)

[Aquestes opinions han estat recollides al núm. 34 de la revista Sota el cel del Puig, desembre de 2010.]