Bazares

Breve conjunto de descripciones de bazares fabulosos.

Bazares

 

BAZAR REPELUCO

Aquella tienda me daba escalofríos. La verdad es que aquel bazar no pegaba allí ni con cola. Era una casa baja, entre dos edificios de pisos. La fachada era ruinosa y parecía abandonada. Me recordaba una casa del lejano Oeste. En su interior había cantidad de cosas extravagantes. Parecían objetos de brujería. Había unos diez pucheros con ratoncillos conservados en formol bajo cinco capas de polvo, unos 70 cucharones extragrandes con inscripciones en el mango que no se podían leer por la suciedad... ¿Sabrán allí lo que es un plumero? No lo sé. Había 70 gatos negros disecados que, según los de la tienda, habían intervenido en escenas de la serie “Sabrina”, una caja con unos 100 muñequitos blancos que parecían de vudú, cientos y cientos de cajas de agujas bastante grandes, 500 velas de todos los colores, 50 calaveras tamaño natural y otras 50 más pequeñas que parecían de animales diversos (estaban bastante amarillentas, no sé si serían de animales), 175 cajetillas de incienso que, según decían, cuando las prendían, permitían hablar con los muertos.

Al fondo de la tienda había otra salita. Estaba bastante oscura.  Había allí millones de botes con cosas raras en su interior. No quise saber lo que contenían. La dependienta tenía una nariz puntiaguda una barbilla pronunciada. Mirándome tras sus pequeñas gafas, acariciaba a un huesudo gato negro que me observaba con unos ojos tristes de color azul pálido.

                                                        Alba Botello (2º de ESO)


 

En aquel bazar se podía encontrar de todo, desde cuatro mesas que pertenecieron a Albert Einstein donde creaba sus inventos, hasta una colección de armarios llenos de ropa que había sido de Cleopatra, pasando por cinco cinturones amarillos de Leonardo Dantés, ochenta y seis botes de laca vacía que habían sido de Tamara, ciento treinta y ocho puertas de un instituto que se habían ido cayendo al cabo de cinco meses de haberlas puesto (era como una maldición), sesenta y seis platos que habían pertenecido a un restaurante y en los cuales habían comido personas famosas, cincuenta y dos cafeteras que provenían del Polo Norte, cincuenta maletas llenas de agua... En fin, este bazar no te lo puedes perder: allí vas a encontrar todo lo que necesites.

                                                       Estefanía Soto (2º de ESO)


 

BAZAR EL CHUPETE

Este bazar está especializado en la venta de chupetes. Los chupetes que vende este bazar no son chupetes cualesquiera. Todos sus chupetes (y hay unos 15.000.000) han pertenecido a los personajes más famosos del siglo. En este bazar tienen los chupetes de grandes personajes, de cuando eran pequeños. En este bazar usted puede comprar el chupete de su personaje preferido. Tienen el chupete de Elvis Presley, el de los cantantes de ABBA, el de Selena... y así (hay tantos que es difícil acordarse de todos). Si quiere ir a este bazar, apúntese la dirección: Avda. Santa Coloma, 20-21. Cada chupete vale unas 5000 pesetas (no olvide que valen tanto porque son de personajes famosos).

                                                                  Crístel Godoy (2º de ESO)


 

Era un día de abril, por la tarde. Mientras iba caminando por una calle de Barcelona, en un solar, entre dos bloques casi derrumbados de casas, se veía una pequeñísima luz. Decidí averiguar qué era... ¡Un bazar! No podéis imaginaros la de cosas que había allí dentro. De todo lo que había, decidí comprar algunos recuerdos: los pendientes de una bisabuela de Napoleón, una radio por la que en su momento se había escuchado: “¡Franco ha muerto!”, la dentadura postiza del famoso atleta estadounidense Carl Lewis, dos mesas en las que había comido John Lennon, el barco de Chanquete de la serie Verano azul, una de las fotos del grupo Jackson Five en la que Michael Jackson era negro, uno de los caballos de la serie Bonanza, un jamón de la película Jamón, jamón, de Bigas Luna, y uno de los trajes de Drag Queen de la película Priscila, reina de la carretera.

         Después de comprar todo eso, me fui a casa, pero decidí seguir siendo una clienta habitual de este bazar.

                                                                  Carolina Vega (2º de ESO)

[Aquest recull va estar publicat a la revista Sota el cel del Puig, núm. 3, abril de 2001.]