Sou a: Inici / Activitats / Activitats educatives / Literària / Prosa / Tres reyes

Tres reyes

Tres relats de reis

El rey perverso

 

Había una vez un ladronzuelo llamado Quip que se alojaba en un hostal de una ciudad. Un día como otro cualquiera fue a robar por la ciudad y se encontró con una anciana, a quien robó el bolso. Al llegar al hostal fue a abrirlo y se encontró con una especie de cubo con muchos cuadrados de diferentes colores. Empezó a combinarlos hasta que consiguió cierta combinación; el cubo explotó y de su interior salió un genio. Era gordo y barbudo y Quip empezó a reírse de él. Cuando fueron a salir a la calle, el dueño del hostal le dijo que habían raptado a muchas chicas jóvenes y, entre ellas, a su hija, y que a quien la rescatara sería bien recompensado. Quip aceptó buscarla. Continuó burlándose del genio mientras iban por la calle hasta que el genio se enfadó y se convirtió en un joven atractivo y, a la vez, transformó a Quip también en un atractivo joven. El genio empezó a reírse, pero la risa no le duró mucho, pues alguien los golpeó en la cabeza y los dejó en coma.

Cuando se despertaron, se encontraban en una celda con las demás chicas que habían sido secuestradas. Una de ellas le dijo que se encontraban en el castillo del rey, que el rey había pactado con el diablo para vivir eternamente y que el diablo le había propuesto sacrificar a una joven para seguir viviendo. Como Quip era un  ladrón, no le costó trabajo abrir la puerta. Avanzaron hasta llegar donde se guarecía el rey; la habitación estaba totalmente a oscuras. Uno de los soldados le dijo que el rey después del pacto no soportaba la luz. Quip ordenó al genio que hiciera desaparecer el techo, el genio lo hizo y el rey despareció llevándose su maldad. Desde entonces gobierna el país otro rey, pero Quip sigue robando.

Víctor Santos Jurado (2º de ESO, A)

 

 

El rey farsante

 

Kalike era el rey de Irathia. No hacía mucho que le habían proclamado rey porque decía ser el heredero de Alastor, pero su única prueba era su espada. Alastor se había marchado hacía años a la guerra contra los bárbaros del norte y no había dado señales de vida en todo ese tiempo, aunque tampoco se sabía nada de los bárbaros, que habían jurado acabar hasta con el último de los iratthianos y beber la sangre de Alastor para celebrarlo.

Kaliki controlaba su reino con avaricia, subía los impuestos y cambiaba todas las leyes a su favor, era cruel como gobernante. Mucha gente empezó a sospechar de él, si sería verdad que poseía la famosa espada del rayo, la espada que tenía parte del poder del mismísimo Alastor, pero, ¿y qué? La podía haber robado. La verdad es que sólo los nobles y ricos aceptaban a Kaliki como rey.

Un día, una mujer se presentó ante el rey.

—¿Qué quieres de mí, bella dama?

—Me llamo Acoira y no pienso descansar hasta que demuestre que esa espada no es suya.

—¿Y qué vas a hacer?

—Encontrar a mi padre, Alastor.

La mujer salió de la sala con un movimiento rápido. Kaliki la dejó marchar, sabía de sobra que ella no podría encontrar a Alastor, y hasta que no lo encontrase no tendría ninguna prueba de que la espada era de otro. Pasaron dos o tres años antes de que el rey recibiese la noticia de que centenares de tropas bárbaras se acercaban a Irathia comandados por una mujer y un hombre.

Preparó sus tropas para la batalla. Cinco mil hombres contra unos quinientos bárbaros. Cuando empezó la batalla cerca de las puertas de Irathia, el capitán de los bárbaros descabalgó y avanzó unos pasos. De la mano le salían rayos enormes que chocaban contra el suelo, cerca del enemigo. Las tropas de Kaklia sdejaron las armas y fueron al encuentro del poderoso Alsator, el rey del rayo. Kaliki no fue ejecutado por farsante, fue desterrado de allí. La espada fue destruida y nadie volvería a hacerse por rey.

Francisco Cruz Illán (2º de ESO, A)

 

 

El rey Fraskito y sus malas artes

 

Poleria era una ciudad increíble. Tenía de todo y más parques que Barcelona y Madrid juntas. Pero había allí un chico que no disfrutaba de todo aquel paraíso y es que aquel chico no era precisamente muy amistoso, sino muy revoltoso.

Resulta que al nacer lo abandonaron en un parque a media noche, y el chico quedó como huérfano para siempre. Se mezcló con los malos de la ciudad y empezó a ser un poco brujo. No os he dicho cómo se llamaba; se llamaba Fraskito.

Se hizo muchas transformaciones y se convirtió en inmortal. Sólo se le podía matar si se le retaba en duelo y se le vencía. Nadie reconocía a aquel chico, guapo y agradable, y aunque no era amistoso, no le faltaba gracia.

Se propuso ser rey y lo consiguió sin esfuerzo. Estuvo diez años en el trono comentiendo maldades y abusos. Dejaba que otros intentaran matarlo, porque como no le hacían daño, el que lo intentaba moría con su propia espada. Hasta que, un día, un joven se presentó en palacio con la intención de matarlo. Primero lo insultó, después lo retó y lo obligó a coger la espada. La cogió y empezaron a pelear; si ahora le tocaba la espada del otro y le hacía una herida, el rey perdería la vida. El joven tropezó, cayó y se levantó; luego tropezó el rey al pisar su capa y también cayó, pero no le pasó nada. Hasta que  el joven desconocido le hizo un amago que engañó al rey; el desconocido le puso la espada en el corazón y lo mató. Así fue como el desconocido llegó a ser rey y reinó durante ochenta y tres años y medio.

Así termina la historia de un rey que por ser tan malo murió por la espada de un joven bondadoso.

Alan García García (2º de ESO, A)

 

[Aquests relats van estar publicats a la revista Sota el cel del Puig, núm. 12, gener de 2003.]