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El fanatismo: ¿una conducta positiva o negativa?

Noció del treball de recerca de l'alumne Iván Pérez, de 2n de Batxillerat (curs 2001-2002).

 

El fanatismo: ¿es negativo o positivo?

Iván Pérez (2º de Bachillerato)


Actualmente el tema del fanatismo está en boca de todo el mundo a raíz de los atentados del 11-S. Es un tema lleno de controversia y polémica del que todo el mundo da su opinión. Pero al hablar de fanatismo, a mi parecer, la gente no siempre está del todo bien informada y generaliza, a veces  sin darse cuenta de que está cometiendo un grave error. Con esto no quiero decir que defienda el terrorismo ni mucho menos; con mi trabajo de investigación lo único que he pretendido era explicar en qué consiste, cómo se crea el fanatismo. Este es el motivo por el que me decanté por realizar este trabajo: para informar a la gente sobre esta manera de vivir que eligen muchas personas de todas las sociedades y para tratar de diferenciar y mostrar lo positivo de lo negativo de los fanáticos y no a englobar a todos debajo de un único punto de vista.

Para abordar este tema encaminé mi trabajo sobre la siguiente cuestión: ¿Ser fanático es bueno o malo? Y no tan sólo para la sociedad sino también para el propio individuo en sí. Mi hipótesis era la siguiente.

Una persona fanática ama las cosas, comparte sensaciones, se relaciona con los demás. No hemos de confundir locura, barbarie o cosas parecidas con fanatismo. Yo, personalmente, no creo que una persona que se quita  la vida sea un fanático ya que si muere, ¿cómo podrá seguir disfrutando de lo que tanto adora? Y uno que mata tampoco lo puede ser porque al hacerlo pierde su humanidad y su condición para relacionarse, y lo que un fanático desea es poder relacionarse para compartir sus experiencias. Por lo tanto, ser fanático, me decía yo, es bueno, tanto para la sociedad como para el individuo. Como fanático que soy, me siento dentro de una comunidad de personas a la que han criticado y marginado, por lo tanto, deseo que este trabajo sea de utilidad y  ayude a la gente a crearse una opinión más elaborada porque a veces hace falta escuchar, comparar y pensar un poco antes de dictaminar.

Si buscamos en el diccionario la definición de fanático nos encontraremos con la siguiente:

FANÁTICO: "Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento, creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas. Preocupado o entusiasmado ciegamente por una cosa." (Diccionario Larousse).

Aunque esta sea la definición del diccionario, en el lenguaje cotidiano el sentido de la palabra suele variar un poco provocando confusión en algunos casos. Fanáticos somos todos, siempre hay algo en nuestra personalidad que aflora más que el resto y, en muchas ocasiones, condiciona nuestras acciones y nuestra personalidad. La diferencia entre unos y otros raya en la entrega que cada uno deposita en ese elemento. Establecer esta diferencia es complicado ya que hay que tener varios elementos para valorar: el elemento que se enfatiza, la sociedad donde se vive, la manera como se manifiesta el fanatismo... Pero para entender a los fanáticos y poderlos clasificar en diferentes grupos primero debemos saber qué es el fanatismo, cómo surge, etc.

Para empezar por lo más básico podemos decir que el fanatismo no es innato en el ser humano. Una persona no nace con una fe ciega en algo así porque sí. A medida que una persona crece obtiene información que le hace cambiar de ideas, de sentimientos... Según haya sido la vida de esa persona se podrán observar cambios profundos en sus convicciones o creencias lo que repercutirá en su comportamiento. Por lo tanto, el fanatismo es inculcado por la sociedad voluntaria o involuntariamente, ya que es un elemento más de la compleja “identidad” de una persona.

¿Pero qué es realmente la “identidad”? Todo el mundo habla de su “identidad”, se sienten orgullosos de ella, les gustaría tener la “identidad” de otro, etc. La identidad es el conjunto de  rasgos —tanto pueden ser apreciables como inapreciables— que hacen que una persona no sea idéntica a otra. Pero por otra parte nuestra identidad nos hace formar grupos de semejantes aunque parezca contrario a su definición. Cuando una persona hace palpable su identidad no lo hace con todos los rasgos por igual sino que resalta los que más le agradan o le convienen en ese momento y oculta el resto. Cuando dos o más personas se juntan y comprueban que comparten elementos se sienten más unidos, sienten que no están solos. Esta necesidad de no estar solos provoca que las personas potencien los elementos que las unen a los demás llegando, como es el caso de los fanáticos, a obsesionarse con ello. Es el caso de la religión, las aficiones, etc.

Gracias a este trabajo he aprendido nuevas cosas que desconocía y he ampliado otras que ya conocía. Por lo que concierne al tema del trabajo en sí me he dado cuenta de que entender y explicar un fenómeno no es tan fácil como parece. Se requiere comparar diferentes puntos de vista, ideas y al mismo tiempo criticar y ser lógico.

Por otra parte, después de realizar este trabajo me he dado cuenta de que mi hipótesis era errónea. Ser fanático no es bueno. Pero tampoco quiere decir que sea malo. Ser fanático, para empezar, implica estar obsesionado con algo. Esta obsesión puede deberse a que se necesita algo para evadirse. Evadirse es bueno, ya que  permite relajarse. Aparte de esto, la vida también resulta a menudo monótona, por lo que a veces se necesita de algo que te incite a seguir adelante. Esto es lo que los fanáticos encuentran en su obsesión. Por estos motivos creía, y sigo creyendo, que el fanatismo es beneficioso.

Pero también me he dado cuenta de que esta obsesión no es en todos los casos completamente voluntaria y que puede llevar al individuo que la padece a una situación fatal. En las sociedades muy religiosas, el individuo nace con el fanatismo impuesto. Puede que no sea un fanatismo radical pero su manera de vivir ya ha sido condicionada, puede que tenga que hacer cosas por su religión que nunca haría por su cuenta y si no acepta estas normas, será rechazado por sus compatriotas. Este fanatismo que te priva de libertad no puede ser bueno.

También tenemos a los que se aprovechan de este estado para sacar beneficio propio. Aunque algunos fanáticos no tengan culpa de nada, pueden ser inducidos a realizar acciones para seguir con su obsesión y hay gente que puede sacar provecho de eso. Tampoco veo que el fanatismo aquí sea positivo ya que controlar a una persona con una idea que valora puede acabar causándole trastornos. Además creo que las cosas con las que se puede controlar, no sólo a un individuo, sino a grandes masas a la larga no pueden resultar positivas debido a la corrupción que existe en nuestra sociedad.

Y por último, en algunos casos una obsesión es difícil de controlar por el individuo mismo provocando que caiga en la locura y, en consecuencia, que realice actos atroces, o que él mismo acabe destruyéndose.

A partir de lo dicho mi conclusión es la siguiente:

Yo defiendo el fanatismo que surge de la voluntad de la persona para conseguir el bien individual y colectivo pero condeno a los que crean un fanatismo artificial para su propio bien a costa de inocentes engañados. Pero a medida que fui haciendo el trabajo me he dado cuenta de que ese fanatismo que yo defiendo es prácticamente utópico. Siempre existirá la corrupción entre las personas y estas buscarán medios para conseguir poder. La gente fanática vive iluminada por su idea, a veces demasiado, y es fácilmente manipulable. Tampoco es bueno que la gente se obsesione con algunas cosas dejando de lado las demás, la vida no se puede olvidar y hay que tenerla siempre en cuenta. Por otro lado siempre habrá fanatismos, eso no se puede negar. Siempre habrá algún momento de nuestras vidas en el que nos obsesionemos con algo. Además probar cosas es bueno para formar nuestra personalidad y comportamiento. Por lo tanto, concluyo que, debido a que no puede existir un fanatismo beneficioso a salvo de riesgos, el fanatismo no es beneficioso ni para el individuo ni para la sociedad y termino por decantarme por ir disfrutando de varias cosas al mismo tiempo para así, de esta manera, no poder obsesionarme demasiado con alguna y al mismo tiempo ir adquiriendo más experiencia y conocimiento. Disfrutar indefinidamente de lo que de verdad te gusta es muy tentador pero al mismo tiempo comporta muchos riesgos por los que no merece la pena arriesgarse.

Iván Pérez (2º de Bachillerato)

[Aquest resum es va publicar al núm. 8 de la revista Sota el cel del Puig, abril de 2002.]