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Experiències

Alumnes que van participar al seu moment a les proves de Fem Matemàtiques recorden la seva experiència

Una experiencia

 

Hace tres o cuatro años —por recomendación de Carolina Sintes, profesora de matemáticas en el IES Puig Castellar, donde era y sigo siendo alumno—, leí un best séller titulado El tío Petros y la conjetura de Golbach, de Apóstolos Doxiadis, matemático y escritor griego. El narrador del libro descubre que su tío Petros, considerado la oveja negra de la familia, había sido en otro tiempo un genio matemático y que, sin embargo, había desperdiciado su talento. Su curiosidad le lleva a preguntarle a su tío sobre el asunto, e incluso decide hacerse matemático. Petros se niega a que su sobrino desperdicie su vida con las matemáticas. Al ver que la cabezonería del joven es superior a su poder de convicción, decide proponerle un juego: deberá resolver un problema matemático en verano; si lo consigue, no sólo no se opondrá a que estudie para matemático, sino que le dará todo su apoyo. Así le propone lo siguiente: demostrar matemáticamente que todo número par mayor que 2 puede escribirse como suma de dos números primos. Ingenuo, el narrador de la historia devana los sesos intentando resolver el enigma, que consiste en realidad en uno de los más complicados problemas de la matemática: la demostración de la conjetura de Goldbach, un problema muy superior a sus capacidades y aún sin un resultado exacto actualmente.

En una situación parecida se habrán encontrado alguna vez los participantes del concurso Fem Matemàtiques, que este año tiene sede en el IES Puig Castellar. Aunque ni los problemas propuestos son tan difíciles y traicioneros, ni el resultado es tan crucial para los participantes. El concurso trata más bien de divertirse con las matemáticas, aunque diversión y matemáticas parezcan para muchos (excepto para los matemáticos, pero también para los matemáticos en muchas ocasiones) cosas tan opuestas como el día y la noche. ¿Cómo es posible entonces unir esos dos conceptos en un evento? Yo no lo creía posible al principio y, de hecho, la diversión no se halla en causarse uno jaquecas intentando solucionar problemas matemáticos, aunque sí es verdad que resolverlos proporciona cierta satisfacción. El secreto radica en el hecho de trabajar en equipo, en el hecho de encontrarse ante una situación difícil y tener que resolverla con la única ayuda de cuatro cerebros de estudiantes de secundaria, entre lo cuales se encuentra el tuyo.

A veces aún vuelve a mi mente como anécdota divertida el momento en que dos compañeros de clase (de cuyos nombres ellos seguramente preferirían que no me acordase) y yo nos encontrábamos en medio del patio de un instituto de El Prat, con un puñado de hojas, bolígrafos, una carpeta y dos cordones entre las manos, en plena segunda fase del concurso Fem Matemàtiques 2001, a la que acudimos acompañados de Margarida Mercadal, también profesora de matemáticas en nuestro centro y que fue quien nos animó a participar. Cualquiera que nos hubiese visto hubiera pensado cualquier cosa menos que estábamos intentando resolver un problema matemático. No recuerdo exactamente el enunciado del problema, pero venía a ser algo así como que teníamos que calcular el área del patio que podía recubrirse de césped, eso sí, con la extraordinaria ayuda de dos cordones de un metro de largo cada uno. No sabíamos si reír o llorar, así que para descargar emociones, empezamos a medir distancias como posesos, sin orden ni método, mientras nos reíamos de nuestra torpeza. Recuerdo también que había llovido hacía poco y que uno de los folios con datos que habíamos apuntado se nos cayó en un charco. No conseguimos pasar la prueba, pero ¿y lo bien que nos lo pasamos?

Espero que las futuras generaciones de concursantes se lleven igualmente una experiencia positiva y… ¿quién sabe?, ¡quizá algún día futuro consigan resolver uno de esos grandes enigmas de la matemática de nuestro tiempo! Pero, eso sí: antes que intenten superar las pruebas del concurso.

Francisco Cruz Illán (2º de Bachillerato)

[Aquests articles van estar publicats al núm. 27 de la revista Sota el cel del Puig, març de 2007.]