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Carta al Presidente de Gobierno

Carta al Presidente del Gobierno sobre la sentencia de muerte todavía no revocada al poeta Miguel Hernández

Carta al Presidente de Gobierno

Ciudadano Presidente del Gobierno, Ciudadana Vicepresidenta, Ciudadano Ministro de Justicia:

Como dijera y cantara doña Violeta fue y es una vergüenza para España, y para la Humanidad toda, el asesinato de Federico García Lorca. También lo fue la condena a muerte posteriormente conmutada -el dictador golpista declaró que no quería otro García Lorca- del poeta Miguel Hernández.
Lo fue, decíamos, y lo sigue siendo. El autor de "Sino sangriento", de "El niño yuntero" y de las "Nanas de la cebolla" fue condenado con "sentencia" que no ha sido anulada y que propiamente no fue una sentencia, sino, en esencia, un crimen de Estado teatralizado judicialmente. Hernández sigue siendo como tantos otros represaliados y asesinados, a efectos jurídicos un delincuente, reo de rebelión militar, aquella infamia levantada por los intelectuales orgánicos del fascismo español para perseguir sin piedad ni límites la resistencia republicano-democrática a su, esta sí, rebelión militar antidemocrática.

No se trata de vindicar ningún héroe. Les recuerdo a Brecht y su Vida de Galilego: "Infeliz el pueblo que no tiene héroes.../ No. Infeliz el pueblo que necesita héroes". No, no se trata de eso. Se trata de dignidad, de reconocimiento, de mirar un espejo que no sólo no se ha roto en mil pedazos sino que agranda su extensión y su significado con el paso del tiempo. ¿Es razonable, es admisible, es justo, que el Estado que ustedes representan tenga esta consideración sobre uno de sus grandes poetas y ciudadanos?

Muy pocos años después del fallecimiento de Miguel Hernández, en carta al poeta canario Juan Maderos fechada el 3 de septiembre de 1946, el Vicente Aleixandre escribía sobre el poeta oriolano: "Era un alma libre que miraba con clara mirada a los hombres. Era el poeta del triste destino, que murió malogrando a un gran artista, que hubiera sido, que ya lo es, honor de nuestra lengua." Acaso nuestro premio Nobel hubiera debido usar un plural -lenguas- donde escribió un singular. No importa. Captó la esencia del autor de Cancionero y romancero de ausencias: alma noble que miraba con clara mirada, un gran artista que honora el espíritu humano. ¿Vamos a permitir todos, van a permitir ustedes, que habite la infamia en un ámbito así?

Salud y fraternidad, ciudadanos, y hagamos entre todos, también ustedes, todo aquello que deberíamos hacer.

Salvador López Arnal (profesor)

[Aquesta carta va estar publicada al número 34 de la revista Sota el cel del Puig, desembre de 2010.]