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En el primer centenario del nacimiento de Miguel Hernández

Una respuesta de Miguel Hernández: la consistente columna vertebral de un poeta comunista

En el primer centenario del nacimiento de Miguel Hernández

Una respuesta de Miguel Hernández: la consistente columna vertebral de un poeta comunista.

Salvador López Arnal,

Para Narciso Julián, Chicho, que estuvo 24 años en cárceles fascistas. In memoriam


Tomo la información, que desconocía, del último libro de Antoni Batista [1].
Miguel Núñez, el recientemente malogrado dirigente del PSUC y del PCE, conoció a Miguel Hernández en el penal de Ocaña. Tenía el que sería años después responsable político del PSUC en Barcelona apenas 18 años. Había sido condenado a muerte. Como en el caso del poeta oriolano, le fue conmutada; en su caso por una pena de 30 años. Fue aquélla su primera estancia en las cárceles fascistas. Estuvo en ellas diecisiete años, se dice pronto, una quinta parte de su vida.
Núñez, recuerda Batista, destacó siempre que quería oírsele la sensibilidad extrema del poeta alicantino y recordó con detalle sus clases de literatura e historia a los presos republicanos, al igual que los poemas que les recitaba.
El dirigente comunista siempre recordó algo con especial intensidad. Un día, Ernesto Giménez Caballero, un, digamos, brillante intelectual del fascismo español, se desplazó a Ocaña para ofrecer al autor de las “Nanas de la cebolla” salir en libertad. Mejor: abandonar aquel infierno carcelario. Según parece, incluso sugirió a Hernández la posibilidad de convertirse en el poeta de la Falange.
Miguel Hernández no dudó. La traición no habitaba en su alma a pesar de su enfermedad y de la condena. Se negó claro está a esa infamia. Miguel Núñez recordó a lo largo de su vida las palabras de Hernández, su respuesta  a la insidia de Giménez Caballero: “Mira, Ernesto, éstos son mis hermanos, vencidos de hoy, vencedores de mañana, y me quedo con ellos”.
Recuerdan, por qué no, unas palabras de Marcelino Camacho [2], alguien que abonó la misma tradición de honradez política y resistencia antifascista y anticapitalista del poeta oriolano: “Ni nos doblaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar”.
Apuntan ambas al mismo horizonte de dignidad. Fueron dichas por dos comunistas con una columna vertebral firme. Fueron en serio.

PS: Antoni Batista escribe en la página 28 de su ensayo: “[…] El Partido Comunista de España, y su socio, el Partit Socialista Unificat de Catalunya, habían lavado con creces su pasado totalitario luchando con valentía y sacrificio contra la dictadura y por las libertades políticas; una democracia sin ellos hubiera sido tan poco fiable como una democracia con su máximo enemigo personal ostentando cargos: CC (Comisario Creix, Antonio Juan Creix)”. Dejando aparte el uso de “socio” para referirse a la relación entre el PSUC y el PCE, ¿de qué pasado totalitario está hablando Batista? ¿De las actuaciones del PSUC y del PCE durante la guerra civil? Totalitarismo, ¿en qué? Por lo demás, el PSUC y el PCE no lucharon sólo por las libertades políticas sino también por el socialismo no burocrático y es sabido de todos que individuos de similar catadura poliética que el torturador de extrema derecha Antonio Juan Creix ocuparon durante años puestos de relevancia en las instituciones “democráticas” de la Monarquía borbónica.
No está probado, además, que la situación haya variado sustantivamente más allá de las desapariciones biológicas en determiados casos e instancias.

Notas:
[1] Antoni Batista, La carta. Historia de un comisario franquista. Madrid, Debate, 2010.
[2] Las ha recordado recientemente Mario Amorós: “La humanidad de Marcelino Camacho” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=115745)
De él las he tomado.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 
[Aquest article ha estat publicat al núm. 34 de la revista Sota el cel del Puig, desembre de 2010.]