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De cómo le salió al dromedario la joroba

Històries a imitació de la història homònima de Rudyard Kipling

Cómo le salió al dromedario la joroba

Os voy a explicar cómo le salió al dromedario la joroba

Antiguamente, y también ahora, los dromedarios sirven para transportar por el desierto el peso y los trastos que las personas no pueden llevar.

Un dromedario, cuando ya estaba cansado de llevar tanto peso, encontró en una de las bolsas que transportaba una lámpara (seguramente con  algún genio dentro). Frotó la lámpara y de ella salió un genio que le dijo al dromedario que pidiera tres deseos.

—Quiero verme libre de tener que transportar más peso, o sea, que los humanos se conviertan en dromedarios, y al revés. Y el genio le dijo que como ese deseo valía por dos, que pidiese el último deseo.

—Quiero pedir tres deseos más.

Y el genio se enfadó mucho al ver que el dromedario le quería tender una trampa. El genio era llamado “el genio de la joroba”, porque todos los que le intentaban poner una trampa, acababan con una giba en la espalda.

Y así ocurrió: el dromedario no obtuvo ninguno de los deseos, pero sí una joroba, y como eso era hereditario, sus hijos nacieron con joroba. Y así, hasta ahora y para siempre.

Carolina Vega (2º ESO)

 

Ésta es la historia de por qué los dromedarios tienen joroba. Los humanos, antes y ahora, utilizamos a los dromedarios para cargar las cosas que no queremos transportar. De tanto peso que llevaban en el lomo, se les fue curvando la columna vertebral, y así se les formó una joroba. Así les fue pasando a todos los dromedarios, y tuvieron hijos que nacieron así, con joroba, y éstos también tuvieron hijos...

Cristina Tamayo (2º ESO)

 


En los desiertos del Sáhara, en lejanos tiempos, había un dromedario que siempre iba a por comida a un pueblecito. Siempre volvía cansado. Un día sí y otro también, pasaba el tiempo. “¡Ya está!”, dijo el dromedario, “ya no trabajo más. Siempre estoy trabajando para vosotros, so vagos.” Pero tuvo que trabajar y llevar comida para su mujer, su hijo y su hija. Pasaba el tiempo. Llegó el fin de semana y salió a jugar con sus amigos. Y el lunes ya no quiso ir al trabajo, aunque lo necesitara, y se quedaba en casa e iba a jugar. Un día, el pobre dromedario fue a jugar. Se puso a dormir y le cayó encima una rueda de avión, y así le salió la joroba, del golpe, y después tuvo más hijos y todos los hijos salieron con joroba.

Raúl Torres (2º ESO)

 


En un desierto cercano a El Cairo, había muchos dromedarios. Uno de ellos estaba muy triste porque no parecía un camello, pues no tenía jorobas.

—Vamos a jugar—le dijo otro dromedario.

—No tengo ganas de jugar.

Pero al día siguiente, sí tenía ganas de jugar porque sabía que nunca iba a ser como un camello. Estaba jugando y, sin querer, se cayó y se dio un golpe en la espalda. Al día siguiente tenía una joroba. Aunque no era como un camello, él estaba contento con su joroba. A partir de ese día jugaba siempre con sus amigos. (Tenía esa joroba para acumular energía y poder correr sin cansarse.) Y todos los hijos que tuvo salieron con joroba.

Carlos Ramos (2º ESO)

[Aquestes històries van estar publicades a la revista Sota el cel del Puig, núm. 1, desembre de 2000.]