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Tres versiones

Tres versiones modernas del cuento de "La lechera"

Tres versiones modernas del cuento de "La lechera"

Primera

No sé cómo escribir el cuento de la lechera que me ha mandado la profesora de castellano. Y como no lo escriba, la profesora me echará un sermón que, la verdad, no me apetece nada escuchar y, encima, me castigará copiando veinte veces esa estúpida frase de “será la última vez que no haga los deberes”, sabiendo ella de sobra que eso no se lo cree ni Dios. Y yo, para no perder la costumbre, me rebotaré porque no querré copiarla. Entonces, la profesora, harta de que no haga los deberes nunca y de ponerme amonestaciones, me mandará a la dirección y seguro que esa pobre mujer, harta de todos los comentarios que le llegan sobre mí, reunirá a todo el consejo directivo y entre todos decidirán expulsarme del Centro. Así que convocarán a mis padres a una reunión, les comunicarán su decisión. Mis padres, hartos de tener una hija tan rebelde, me castigarán sin salir de casa y se plantearán la cuestión de meterme en un reformatorio. Al final, por no haber escrito la redacción, acabaré en un reformatorio, así que, manos a la... ¡Caramba! Si ya he escrito la redacción. ¡Menos mal!, porque no me entusiasmaba la idea del reformatorio.

Jéssica García García (4º A)

Segunda

Érase una vez un chaval que, después de haber estudiado el temario durante semanas, se presentó a examen en uno de los días más importantes de su vida. Hablamos de la crítica selectividad.

Mientras estaba sentado delante de la hoja de examen, que no le parecía demasiado difícil, empezó a imaginarse a sí mismo con el examen aprobado y con un par de licenciaturas ya ganadas para poder empezar su carrera como político, su sueño de toda la vida. Se veía en un pequeño sindicato, pero esforzándose y subiendo, subiendo hasta llegar a un partido de ámbito provincial. Luego, como cabeza de partido, ganaría clamorosamente las elecciones autonómicas de su comunidad. Ahora ya tenía la fama, pero quería más y más, así que se presentó a las generales y, sorprendentemente, las ganó. La Moncloa era suya, junto con el campo de pádel, los Mercedes, el dinero del país del que él era Presidente... Una fortísima sirena le despertó de su soñar despierto. Todo eran imaginaciones de un joven con ansias de llegar alto, quizás demasiadas, ya que, al cabo de unas semanas, cuando fue a ver las listas con las notas, se llevó la mayor decepción de su vida hasta entonces: había suspendido el examen.

Nelson Ruiz Vega (4º A)

 

 

El pirata informático

Un día de septiembre, un chico llamado Pepe iba por la calle. De repente, vio algo que brillaba en la acera contraria por la que iba él. Al acercarse, vio que era un juego pirata; lo cogió y se dirigió con él a su casa. Mientras caminaba, iba pensando qué hacer con ese CD. Si iba al mercado de San Antonio un domingo y lo vendía por un precio alto, con el dinero que sacara se compraría tres juegos, y si esos los vendía, también se podría comprar más y después más y más... Hasta que tuviese suficiente dinero para comprarse una grabadora de CD, y con ella vender más cedés. Y cuando tuviese suficiente dinero, se compraría 20 grabadoras más, y contrataría gente para que le vendiese los cedés y, con suficiente dinero, crearía una compañía programadora de juegos, y los vendería por todo el mundo, y saldría en la tele y en los periódicos... Pero, de repente, por una esquina, apareció un coche de la policía. Como él sabía que la piratería informática es un delito, tiró, corriendo, el CD debajo de un coche aparcado allí cerca y se apartó un poco, disimulando. El coche debajo del que había dejado el CD salía del aparcamiento y... CRASH... rompió el CD.

¡Adiós a la riqueza soñada!

Rubén Gómez Toldrá (4º A)

[Aquestes històries van estar publicades a la revista Sota el cel del Puig, núm. 2, febrer de 2001.]