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Variaciones sobre Caperucita

Versions de la història de la Caputxeta

Variaciones sobre Caperucita

 

EL LOBO Y CAPERUCITA

¿Sabéis cómo es el cuento de Caperucita Roja? Va de una niña buena y de un lobo malo. Pero yo, como soy especial, voy a cambiarlo: mi Caperucita es mala y mi lobo bueno, pero aquí no acaba todo, porque el lobo está enamorado de Caperucita, y lo que no sabe el lobo es que Caperucita se las va a hacer pasar canutas.

            Todo empieza cuando el lobo ve a Caperucita y, sorprendentemente, se queda prendado de ella. Se lo dice y Caperucita le contesta que también ella está enamorada de él (lo que no sabía el lobo es que era mentira).

            Un día, Caperucita, que ya estaba harta del lobo, pensó en deshacerse de él; pensó en todo lo malo que se le pasó por la cabeza. Caperucita lo obligó a hacer de todo: que si le tenía que hacer una casa, que si lavar la ropa, que si darle un masaje, que si limpiar el polvo, que si esto, que si lo otro. El lobo ya estaba empezando a cansarse, pero seguía aguantando. Una tarde Caperucita pensó en llevarlo a una cascada y tirarlo, pero el lobo se enteró de lo que ella quería hacer. Fueron los dos a la cascada. Cuando ella iba a empujarlo, él la cogió y la tiró. Caperucita no paraba de pedir auxilio. Al final, el lobo se tiró por la cascada y la salvó. Caperucita no le dio ni las gracias. Entonces el lobo volvió a tirarla al agua y se marchó. Supongo que Caperucita se ahogó, no lo sé, averiguadlo o decididlo vosotros.

                                                                                  Yolanda Bella (3º de ESO)

 


 

EXPEDIENTE CAPERUCITA

 

Era un día cualquiera, al menos de momento. En casa de Caperucita algo olía de maravilla.

            —Mamá —gritaba Caperucita. ¿Ese cocido de garbanzos y callos es para comerlo ahora?

            —No, cariño —le respondía su madre con un agradable tono de voz. Es para la abuela, que le gusta mucho.

            —Y supongo que se lo tengo que llevar yo, ¿verdad?

            —Sí, hija, sí.

            —Ahora que me estaba viciando, bueno, otra vez será.

            A la una del mediodía Caperucita salía de su casa.

            —Caperucita, Caperucita, ¿no se te olvida algo?

            —Los garbanzos ya los llevo en el cesto.

            —No. Piensa.

            —¡Ah, que tenga cuidado con... el Lobo!

            —Qué va... Al lobo le das una patada en las costillas y que lo zurzan. Yo lo decía por el “Antiflatulencias” de tu abuela, que ya sabes lo que le pasa con los garbanzos.

            —Sí, los pedos de la abuela son peores que el Lobo.

            A la una y cuarto, Caperucita salía de su casa y se encaminaba hacia el peligroso bosque, por donde tenía que pasar para llegar a casa de su abuela. Cuando se encontraba a la mitad del camino, una brillante luz aclaraba la oscuridad del bosque y un ruido de motores inundaba el silencio. Caperucita se asustó mucho, y lo primero que se le pasó por la cabeza fueron las terribles historias de ovnis que le habían contado, pero cuando estaba a un kilómetro del Cruce de Sornbill, la luz se apagó y el ruido cesó de inmediato. Al llegar al cruce, se encontró con un lobo adulto de pie y supuso que era un hombre disfrazado.

            —Caperucita, Caperucita —dijo el lobo. ¿Dónde vas tú tan bonita?

            —A...a... casa de mi abuela... —dijo ella asustada.

            —¿Y ese bote de garbanzos es para ella?

            —Sí, es que está enferma y...

            —¿Y qué edad tiene esta abuela tuya?

            —Pues... creo que ochenta y dos años —le respondió Caperucita.

            —Ella y su abuela son dos especímenes perfectos, servirán para nuestras pruebas —susurraba el lobo a su brazo.

            Entonces el lobo apretó un botón que había en ese mismo brazo y una brillante luz rodeó su cuerpo. Cuando esta luz se apagó, se había convertido en un extraño ser bajito, de largas piernas y de largos brazos, regordete y con dos enormes ojos negros incrustados en una cabeza en forma de bombilla. Caperucita, asustada, sabía que la querían abducir a ella y a su abuela, así que le arrojó al extraterrestre una piedra al ojo. Mientras el extraño ser rugía de dolor, Caperucita corría a casa de su abuela. Cuando le faltaban dos kilómetros para llegar, se dio cuenta de que la inmensa luz de antes la seguía. Llegó a su destino y se dirigió a la habitación de su abuela, y le dijo:

            —Abuela, tranquila.

            —Pero, ¿qué pasa, cariño? —preguntaba la abuela, histérica perdida.

            —Nada, abuela, tú tranquila.

            De repente, el techo de la casa salió volando y se vio una nave de treinta metros de radio que, justo cuando preparaba una serie de máquinas en su panza, fue introducida en el hangar de otra nave el doble de grande, en cuya carcasa podía leerse: HAUNTER.

            De los extraterrestres, no se supo nada más. La abuela murió de un shock al salir volando el techo y Caperucita está internada en un psiquiátrico. ¿Ahora adivináis por qué se cambió la historia?

                                                                                      Fernando Porrino (3º de ESO)

[Aquestes versions van estar publicades a la revista Sota el cel del Puig, núm. 3, abril de 2001. Per llegir més versions de la història de la Caputxeta, cliqueu aquí.]