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José Rico, un militar republicano

Entrevista amb la professora Agustina Rico

José Rico, un militar republicano que se enfrentó al alzamiento franquista

Entrevista con Agustina Rico,

por Salvador López Arnal

 

Agustina Rico, tenaz activista vecinal, es catedrática de Lengua y Literatura catalana en el IES Puig Castellar, un instituto de enseñanza secundaria de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona). Agustina es también sobrina de José Rico, un soldado republicano que planeó atentar contra el general golpista Franco para defender las instituciones republicanas. El joven soldado pagó con su vida su fidelidad a la legalidad republicana.

[Esta entrevista fue publicada inicialmente en la revista El Viejo Topo, de febrero de 2008.]

 

"Juré defender una España democrática y la defiendo porque soy español; los traidores a la patria sois vosotros". Estas fueron las palabras de José Rico ante el tribunal que le condenó a muerte en 1936. ¿Puede explicarnos algunos detalles biográficos de José Rico?

José Rico Martín era el hermano mayor de mi padre, quien sólo tenia 13 años cuando José fue ejecutado. Los pocos datos biográficos que se conocen los he extraído del díptico publicado a raíz del homenaje que se le tributó a los 70 años de su fusilamiento y de algunos recuerdos de la familia.

Mi tío era el hijo mayor de una familia de pequeños propietarios rurales de un pueblo de Salamanca. Nació en Villarino de los Aires el 28 de febrero de 1915 y los primeros años de su vida transcurrieron entre Villarino, donde vivían sus abuelos y de donde eran originarios sus padres, y Monleras, pueblo al que se trasladó su familia y donde nacieron sus seis hermanos, todos varones menos una chica.

 

Creo que de muy joven llegó a ser corresponsal de un periódico.

Efectivamente. En la escuela era muy despierto y el maestro lo propuso como corresponsal del periódico liberal salmantino “El Adelanto”. Se le aceptó. Como periodista en ciernes, escribió sobre la gozosa proclamación de la República el 14 de abril de 1931, cuando él apenas tenía 16 años. Empezó a relacionarse con responsables políticos republicanos de la zona, a lo que contribuían las relaciones de su padre, Antonio Rico Matías, que había sido nombrado juez de paz del pueblo y era un hombre de ideas liberales y de profundas convicciones republicanas.

Aunque eran gente sencilla, sus padres tenían un cierto nivel cultural ya que su madre, Aurora Martín Conde, había iniciado estudios de magisterio, que tuvo que abandonar a la muerte repentina de su padre, mientras que  Antonio Rico, era un hombre de carácter fuerte, hecho a sí mismo. Había estado en Cuba, era lector de periódicos y tenía una  reconocida autoridad entre sus vecinos y  buenas relaciones personales, como la que mantenía con Cástor Prieto Carrasco, alcalde republicano de la ciudad de Salamanca, que moriría fusilado después de estallar la guerra civil.

 

José Rico, su tío, fue un cabo veterano de la península destinado en Ceuta. ¿Por qué se afilió al Ejército?

A los 18 años decidió irse voluntario al Ejército. Pensaba hacer carrera y ser una ayuda y un referente para sus hermanos. Como muchos jóvenes de Castilla, recaló en el norte de África y fue destinado al Batallón de Cazadores del Serrallo, nº 8, en Ceuta. Allí aprobó el curso para cabo e inició la carrera militar que esperaba muy fructífera, según decía en sus cartas.

Este acuartelamiento ceutí solía ser destino de soldados de reemplazo y de veteranos  peninsulares, en su mayoría jóvenes que buscaban en el Ejército un futuro mejor, sin  olvidar por ello sus sentimientos republicanos.

 

Rico intentó atentar contra Franco en julio de 1936. ¿Quiénes participaron en el complot? ¿Con qué apoyos contaban?

Según Francisco Sánchez Montoya, autor del libro Ceuta y el Norte de África 1931-1944. República, Guerra y Represión (Editorial Natívola), y estudioso del tema, el 18 de julio de  1936 se tenia preparado un complot por parte de  varios militares leales a la República para atentar contra la vida de Franco y detener la sublevación pero horas antes de la acción fueron delatados y  finalmente ejecutados. La represión en Ceuta también fue dura. Se cobró 268 víctimas entre 1936 y 1944.

 

Pero, ¿qué paso? ¿Cómo se desarrollaron los hechos?

Según relata Sánchez Montoya, todo comenzó al filo de la medianoche del  17 de julio de 1936, cuando el Batallón de Cazadores del Serrallo nº 8 recibió órdenes del teniente coronel  Juan Yagüe de salir a la ciudad. Recibieron la orden de tomar Ceuta, junto con otras tropas. Los cuerpos militares se distribuyeron  para controlar la ciudad.

Según parece, dos cabos veteranos del cuartel, José Rico, mi tío, y Pedro Veintemillas, en su ronda de la madrugada de 18 de julio por las calles  de Ceuta, observaron cómo patrullas de falangistas detenían a civiles y asaltaban sedes de partidos políticos republicanos. Vieron como en las paredes de la ciudad se habían fijado bandos, firmados por Franco, en los que se anunciaba al pueblo el estado de guerra, la disolución de todos los partidos y  la prohibición de reuniones.

Cuando volvieron al cuartel, en las primeras horas del 18 de julio, se reunieron en una pequeña habitación de la compañía con los también cabos veteranos  Anselmo Carrasco y Pablo Frutos. Durante varias horas estudiaron cómo frustrar el golpe de sus jefes. Pero, por el momento, no vieron la forma de pararlos.

 

Fue más tarde cuando idearon un plan.

Exactamente. Fue en un segundo encuentro con sus compañeros republicanos, durante el mismo día, cuando mi tío presentó el plan para atentar contra Franco. Era la única solución que veía para desbaratar el golpe. Cuando Franco entrara en el patio central del  acuartelamiento para revistar las tropas, él mismo le dispararía. El resto de implicados, desde la primera planta del cuartel, apuntarían al resto de militares para inmovilizarlos. Acto seguido, otro grupo de militares leales saldría hacia la ciudad para informar del atentado contra los sublevados fascistas y recabar el  apoyo del pueblo.

 

Pero ¿cómo iba a situarse José Rico cerca de patio central?

Por lo que hemos podido saber, en la tarde del 18 de julio mi tío pidió entrar de guardia en la puerta principal del cuartel con el fin de ser el primero en enterarse de la llegada de Franco. Lo consiguió. Compartió vigilancia con el cabo Rodríguez, quien confesó después en el consejo de  guerra que mi tío le había preguntado qué le parecía “el movimiento”, la revuelta fascista. Rodríguez le contestó que llevaba dos días de servicio y que no se había informado, y entonces Rico le comentó que el movimiento militar iba contra el Gobierno republicano, y que si ellos fueran hombres dignos deberían ponerse a  favor de la República y en contra de sus oficiales y jefes que estaban atentando contra la legalidad vigente.

Según parece, mi tío le comentó al cabo Rodríguez que ya estaban implicados seis centinelas de la guardia y que en el momento en que empezaran los disparos se tenía que poner a las órdenes de Anselmo Carrasco y Pedro Veintemillas.

 

La  cosa iba en serio entonces, lo tenían bien pensado, contaban con apoyos y les movía un verdadero espíritu de resistencia republicana.

Creo que sí, que los cabos y soldados implicados en la intriga lo tenían todo planificado. Pero eran cabo y soldados, apenas habían oficiales de mayor rango. Un sargento, tal vez. Sabían que Franco aterrizaría en Tetuán en la mañana de 19 de julio y que pocas horas más tarde llegaría al cuartel de Ceuta.

 

¿Y qué paso entonces? ¿Por qué fracasó?

Alguien les delató, seguramente un soldado. Fueron detenidos todos los organizadores del complot. Las detenciones se ejecutaron con rapidez.

Sucedió todo unas horas antes de que Franco llegara a la ciudad. Según se detalló después en el consejo de guerra, un total de 40 personas, entre militares  y civiles, fueron acusadas.

 

Intervino entonces la Guardia civil y la Legión

Sí, sí, en efecto. La Guardia Civil se hizo cargo de los detenidos. Custodiados por la Legión, fueron trasladados a unos viejos barracones para tomarles declaración. Tenemos el testimonio de uno de los supervivientes, un miembro de la CNT ceutí, Téllez. Años después lo recordaba así: “Entré en un pequeño despacho sin ventanas y un brigada me tomó la filiación y comenzó a  interrogarme. Aún no había terminado la primera pregunta cuando sobre mi espalda  sentí un golpe de vergajo. Para que me recuperara me echaban agua de un botijo, pero  yo lo negaba todo”.

Hasta las tres de la madrugada del 20 de julio los acusados estuvieron en los barracones declarando. Más tarde los hicieron subir a un camión, los colocaron de rodillas y los trasladaron a la fortaleza del monte Hacho, en Ceuta.

 

¿Cuándo empezaron los autos de procesamiento?

El 26 de julio de ese mismo año . El juez instructor fue tajante en su exposición. Lo escribió así: “Según se desprende de lo actuado entre algunos cabos y soldados del Batallón Cazadores nº 8, existía complicidad para la organización  de un movimiento sedicioso con el fin de atentar contra la vida del excelentísimo señor jefe de las Fuerzas Militares, Francisco Franco Bahamonte”.

 

Hubo algún incidente antes de que se conociera la sentencia.

En la madrugada de 21 de enero de 1937, cuando aún no se había  celebrado el consejo de guerra, una  patrulla de falangistas llegó a la  fortaleza del Hacho. Con total  impunidad, sacaron de sus celdas a los cabos Veintemillas y Marcos. Horas  después sus cuerpos aparecían en el depósito de  cadáveres del cementerio con un tiro en la cabeza. Sin más.

 

¿Dónde se realizó el consejo de guerra?

Dos meses más tarde, todos los detenidos fueron trasladados al  Cuartel de Sanidad, donde tuvo lugar el consejo. Lo  presidió el teniente coronel Ricardo  Seco y el juez fue el teniente coronel Buesa. Según Téllez, fue  una farsa de juicio, sin testigos. Téllez recuerda que, cuando se les leyó la  sentencia, el juez se levantó de su asiento y, con voz llena de odio, les dijo: “No  sois españoles, sois todos unos cobardes traidores a la patria”. Fue entonces cuando mi tío dijo las palabras con las que usted ha comenzado la entrevista: “Juré defender una España democrática y la defiendo porque soy español; los  traidores a la patria sois vosotros”.

Es impresionante y admirable el coraje de aquel soldado, un joven de tan  sólo 21 años.

 

¿Cuál fue la sentencia?

Es fácil de imaginar, la pena de muerte. Tras diez meses de duros interrogatorios y trabajos forzados, el 17 de abril de 1937 concluyó el consejo de guerra sumarísimo contra 37 militares y los dos civiles acusados de organizar un complot para atentar contra el generalísimo.

Al principio, como expliqué antes, eran 41 los acusados, pero dos de ellos, recuerde, fueron ejecutados por patrullas falangistas antes de que terminara el consejo de guerra.

Fueron fusilados el sargento de Artillería Bernardo Garea, Anselmo Carrasco, José Lombau, el soldado Felipe Navas y José Rico, mi tío. Siete en total, contando los dos asesinados por falangistas, los cabos Pedro Veintemillas y Rufino Marcos.

Ocho más fueron condenados a cadena perpetua, y trece a penas de cárcel. Once acusados fueron absueltos.

 

¿Se conoce lo sucedido en los interrogatorios?

Los detalles de los interrogatorios no los conocemos porque la única documentación que ha llegado a la familia ha sido la copia de la sentencia, obtenida por uno de mis tíos en 1986, tras escribir a Felipe González, entonces presidente de gobierno, ya que desconocía concretamente por qué habían condenado a muerte a su hermano. La familia suponía que había sido por ser militar republicano y no haberse sumado al alzamiento franquista, pero no sabía mucho más. La muerte de su hermano José creían que había sido uno más entre tantos actos de represión.

 

Pero creo que se ha conservado una carta…

La carta comunicando su muerte a mis abuelos tiene un tono como de una cierta compasión. Se refiere indirectamente a su juventud, ya que tenia 22 años cuando murió, y  acusaba a la propaganda de “las radios rojas”, de haber hecho mella en él y haberle inducido a meterse en un asunto grave, sin especificarlo. Habla de la entereza de su carácter y de la serenidad con que asumió su condena y su ejecución.

 

Su figura, el hecho de que intentara atentar contra el general golpista, apenas ha sido comentado, pocas personas saben de ello. ¿A qué es debido este olvido?

La verdad es que si el historiador ceutí  Francisco Sánchez no lo hubiera investigado ni se hubiese publicado su libro, Ceuta y el norte de África. República, guerra y represión 1931-1944, el caso habría quedado oculto. El mismo historiador señala: “Las investigaciones realizadas para traer a la luz este libro han puesto al descubierto una parte de nuestro pasado jamás contada que pudo cambiar el devenir no sólo de nuestra guerra civil sino de nuestra historia contemporánea.”

Como ya he explicado anteriormente, la familia no conocía bien los hechos. No sabía del intento de atentado contra Franco. De hecho, todos nos hemos sentido orgullosos de él. Pero particularmente sus hermanos se sienten molestos de que en algunos periódicos se hayan referido a José Rico como “el cabo que quiso matar a Franco”. Aunque entienden que es esto lo que hace su figura especial, diferente, les duele que se dé una imagen de su hermano como si fuera un asesino. Para este militar republicano la lealtad jurada estaba por encima de todo, incluso de la vida.

 

Pero, claro está, no fue ningún asesinato. Fue un militar que intentó oponerse a lo que era un claro y bárbaro ataque a la legalidad republicana con métodos violentos y, esta vez sí, dirigido por militares asesinos que actuaban sin ningún límite.

Sí, sí, de acuerdo, pero la familia se niega con razón, nos negamos si me quiere incluir, a una visión tan parcial, tan mediática, aunque comprendemos que es una manera directa y periodística de decir las cosas.

A uno de los tres hermanos que viven, el que ha seguido más intensamente todo el caso, le han hecho varias entrevistas en prensa local ya que el hecho ha tenido repercusión en medios de Ceuta, donde ocurrieron los hechos, y en Salamanca y Zamora, de donde es la familia. Bien, pues este familiar siempre  se queja de que él ha insistido en que su hermano defendía la legalidad vigente entonces y el Estado de Derecho, que el “asaltante” e ilegal era Franco pero luego, lo que se refleja finalmente en los titulares, siempre es lo de “el cabo que quiso matar a Franco” y esto, aunque comprensible, hiere a personas como él ya muy castigadas y que sufren con estos recuerdos.

 

¿Tenía su familia tradición republicana? ¿Qué cree que significó para ellos el advenimiento de la II República?

La familia era republicana pero sin adscripción política. El padre de José Rico, mi abuelo, era un hombre de convicciones cívicas, muy recto y legalista, amante de la cultura y poco afín a la Iglesia, mientras que la madre era muy religiosa, católica convencida, pero también era una mujer más culta que la media de su entorno.

Según testimonio de algunos familiares de republicanos salmantinos que he podido conocer a través de la asociación que promovió el homenaje tributado a mi tío, Salamanca, Memoria y Justicia, la provincia era tranquila, no existía el movimiento político y sindical tan vivo de otras zonas de España, pero el advenimiento de la II República significó para muchas gentes una aspiración de mejoras sociales, de mayor justicia para con los desfavorecidos, especialmente los campesinos sin tierras, y un mayor espacio de libertad de pensamiento. Recordemos que Salamanca era y es una importante ciudad universitaria.

En cuanto a la actividad de José en Ceuta, recoge el libro de Sánchez Montoya que aquellos jóvenes militares procedentes de la península eran muy activos en Ceuta y que acostumbraban a asistir a los mítines políticos.

 

¿Dónde han aparecido hasta la fecha informaciones sobre lo sucedido?

Han aparecido informaciones sobre el caso y sobre el homenaje que se le tributó el pasado mes de abril de 2007 sólo en periódicos de Salamanca y Zamora, zona donde vivió, y Ceuta, donde murió. A raíz de publicarse el libro, El Mundo extrajo una amplia reseña del caso. También se recoge el caso del “cabo Rico”, entre otras tentativas, en el documental “Los que quisieron matar a Franco” del cineasta Pedro Costa.

Creo que, simplemente, el caso se desconocía hasta la aparición del libro. Nosotros nos enteramos por casualidad al ver la reseña de El Mundo cuando consultábamos documentación sobre la memoria histórica.

Yo conozco a algunos periodistas pero he preferido no comentarlo por prudencia, por dejar que mi padre y sus hermanos fueran digiriendo las cosas. Hace poco más de un año que conocimos los hechos y en abril fue el homenaje. Son muy mayores y revivir aquella época les afecta mucho. En los pueblos pequeños, además, el miedo y los recelos entre vecinos han pervivido más tiempo y son más difíciles de erradicar que en las ciudades grandes.

 

Podría ponernos algún ejemplo de esto que dice.

El día del homenaje mismo, hubo personas que vinieron a saludar a casa pero que no querían dejarse ver en el acto, y a la inversa, personas que se sentían ellas mismas reconocidas de algún modo, o familiares suyos ya fallecidos. Es el drama de las guerras civiles, los años que cuesta sobrellevar lo vivido. Se puede constatar en los reportajes sobre memoria histórica en zonas rurales; ahora empiezan a salir cosas y empieza a hablar la gente, ...y no siempre.

[Aquesta entrevista ha estat publicada al número 28 de la revista Sota el cel del Puig, maig de 2008. Per llegir un homenatge als brigadistes internacionals, cliqueu aquí.]