Cuando llegué al Puig en 1977

Paraules d'Amparo Rallo a l'acte de celebració del 40è aniversari del Puig Castellar

Cuando llegué al Puig en 1977

 

Cuando Paco me preguntó si prefería hablar sobre el año de mi llegada o de mi salida del instituto, en seguida tuve claro que había de rememorar el año de llegada y todo lo que siguió después.

Lo primero que quisiera decir es que éste es un instituto con alma o con ánima, como queráis, idea que se evidencia en la respuesta de todos los sectores educativos ante cualquier llamada que se haga desde aquí, y para muestra, fijaos cómo está esta sala.


En efecto, fuimos un grupo bastante numeroso de profesores los que iniciamos la andadura en el Puig en octubre de 1977, es decir, recién estrenada la democracia, y nuestra primera clase fue al día siguiente de la llegada del President Tarradellas a Barcelona, con el famoso "Ja sóc aquí". Fue una época de cambio y quienes éramos nuevos, también  participamos del cambio del insti. En seguida nos ilusionamos y al año siguiente algunos ya nos embarcamos en cargos directivos, no teníamos experiencia pero sí mucha entrega y buena voluntad.

Por aquellos años el Puig no era un instituto era El instituto, porque sólo había uno, y  tuvimos que organizar una manifestación para conseguir otro porque el número de alumnos era excesivo. Había barracones en el patio para acoger a todos los alumnos. En algunos grupos, sobre todo de COU, había más de 40 alumnos y de primero y segundo de BUP había 10 o 12 grupos. Sin embargo, a pesar de la masificación, en general las clases se podían dar mucho mejor que ahora.


Yo llegué al Puig después de haber trabajado como profesora de latín y griego durante 11 años en un buen colegio privado donde aprendí mucha didáctica y otras muchas cosas, hasta que un día  sentí que aquél no era mi lugar. Yo siempre había sido alumna del sistema público, guardaba muy buen recuerdo de los profesores que había tenido tanto en la escuela como en el instituto y tuve la suerte de sacar las oposiciones y llegar aquí. Ya veis que las cosas han cambiado porque aquel curso empezaron las clases el 23 de octubre y aún faltaban  varios profesores.


A pesar de que la elección de Santa Coloma había sido un error porque yo vivía en el otro extremo de Barcelona y tardaba más de una hora en llegar en coche aquí, en seguida me di cuenta de que este sí era mi lugar.  Entre los profesores se creó un clima de caliu y cuando alguno después de trasladarse a algún centro cerca de casa volvía de visita al Puig, siempre añoraba el ambiente que había vivido entre nosotros.


El edificio ha ido mejorando “contra viento y marea”, desaparecieron los módulos, se pintó  la fachada, se arregló el patio.

También había mucha complicidad  con las familias: padres y madres deseaban que sus hijos estudiaran porque “ellos no habían podido hacerlo”, lo que resultaba muy estimulante. Recuerdo haber ido a hablar con algún padre para que dejara que su hijo fuera a la universidad porque todavía funcionaba en algunos aquello de que la universidad era para los ricos.

Organizábamos un montón de actividades deportivas (rugby, sobre todo), culturales, como teatro, semana cultural, coral, la fiesta de la primavera en Sant Jeroni, loterías, carnavales, audiciones musicales, cursos de informática cuando aún no estaba de moda, etc.

Fueron unos años estupendos en los que de cada promoción muchos accedieron a la universidad. En la promoción de mi hijo, que hizo aquí el BUP y el COU, salieron seis o siete médicos, por poner un ejemplo.

Se arregló el salón de actos y a su inauguración acudió nada menos que el President Pujol, que dio una lección de político y sabio contestando a todas las preguntas improvisadas en el salón de actos, de manera que se quedó con todos. Además nos prometió regalarnos un piano nuevo, y como lo prometió, lo hizo.

Con el paso de los años ha ido creciendo el número de nuestros ex alumnos,  y siempre que me encuentro alguno en los más diversos  lugares, como el Hospital del Mar, donde me operaron, en el RACC (encargado de los seguros), escuela de idiomas, en oficinas de la Generalitat, en el Ayuntamiento, en  todo tipo de comercios, desde el Corte Inglés, en una tienda Prenatal, hasta la más pequeña tienda de ropa, en la barra de un bar,  mosso d’esquadra, de viaje en cualquier lugar, en un taller de coches, etc., siempre nos reconocemos y surge la complicidad de haber vivido experiencias de todo tipo en el Puig.

En fin, podría estar  hablando mucho tiempo porque han sido muchos años, casi todos bien llevados, pero no quiero terminar sin agradecer a la dirección actual, sobre todo a Paco Gallardo, el esfuerzo que viene haciendo desde hace unos años por recuperar el lugar de prestigio docente que había tenido el Puig en Santa Coloma y que pasó por algunos nubarrones.


Muchas gracias a todos por estar aquí.

Amparo Rallo
(profesora jubilada)
Santa Coloma, 12 de diciembre de 2008.

 

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