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Etruscos, puente de unión entre Grecia y Roma

Sinopsi d'un treball de recerca sobre el poble etrusc, a càrrec de Maika García, alumna de batxillerat nocturn

Etruscos, puente de unión entre Grecia y Roma


Este es el título del trabajo de investigación que expuse el pasado 9 de febrero ante el tribunal de profesores y, debo admitirlo, con muchísimos nervios, aunque final todo resultó perfecto.

Mi nombre es Maika y pertenezco a la clase de 2ºB de Bachillerato nocturno. Lo cierto es que encontrar un tema para presentar mi trabajo de investigación no fue nada fácil porque no había nada que me interesara de manera tan profunda como para dedicarle tantas horas y esfuerzos, de manera que me dejé aconsejar por mis profesores de lenguas clásicas, Inés Creixell y Carlos Mañas y, como no podía ser de otra manera, sus consejos me resultaron muy útiles para poder decidirme.

Mi interés por los etruscos comenzó a raíz de un artículo que leímos en clase de latín y de una posterior visita a la exposición de Caixa Fórum llamada “Los Príncipes etruscos”, guiada de manera excepcional por Inés (os aconsejo que nunca faltéis a ninguna excursión que ella organice, así sabréis a lo que me refiero). El empujoncito final vino de la mano de Carlos, mi profesor de griego, porque me hizo ver que podía unir las dos culturas clásicas que yo estudio (latín y griego) a través de los etruscos, de manera que él propuso el título: Etruscos, puente de unión entre Grecia y Roma.

Como la influencia griega sobre Roma a través de los etruscos fue muy amplia, tuvimos que elegir qué aspectos íbamos a tratar, debían ser aquellos que reflejaran de manera clara esta influencia, así que Inés me propuso hablar sobre el alfabeto, la ciudad (incluyendo un apartado para las casas) y los banquetes.

La dificultad con la que me encontré a la hora de desarrollar este trabajo fue que, en según que aspectos, se tiene poca información sobre los etruscos, incluso mucha de ella, como sus orígenes y la procedencia de su alfabeto, a día de hoy sólo se basan en hipótesis, de modo que pasé todo el verano leyendo libros, acudiendo a bibliotecas y contrastando la información para intentar ser lo más veraz posible.
Deseo señalar que este trabajo está dedicado a los profesores que tanto me han ayudado este curso, que nunca han dudado de mí, incluso cuando yo sí lo he hecho, y que han puesto todo su empeño para intentar conseguir que este proyecto tuviera buen rumbo (mención especial para Inés, Carlos y Rafa).

Uno de los pueblos que siempre ha estado rodeado de un halo de misterio es el pueblo etrusco. Discípula de Grecia y educadora de Roma, Etruria tuvo la suerte de cabalgar entre dos mundos. El desarrollo cultural que lograron los etruscos fue de tal magnitud que los estudiosos consideran fundamental su influencia en la conformación de Roma, y en ambas civilizaciones se observa ascendencia griega.

Cuando los antiguos griegos, en su aventura de expansión comercial y colonizadora, se dirigieron con sus naves hacia el occidente mediterráneo, quedaron sorprendidos al hallar en las costas de la península itálica a un curioso pueblo de civilización tan avanzada que poco tenían que envidiarles a la suya propia, ni material ni espiritualmente. Los griegos llamaron a aquel pueblo tirrenos, y con ese nombre se conoció a los etruscos en la antigüedad.

La pregunta fundamental que ya entonces se hicieron los griegos y que ha traído de cabeza a los historiadores es: ¿de dónde procedían los etruscos? Y en el esfuerzo de los eruditos por dar contestación a este enigma, tropiezan constantemente con otra incógnita no menos importante: la lengua.

Por lo que respecta a su procedencia se han barajado tres hipótesis: la primera que defiende el origen autóctono de este pueblo en Italia Central, una segunda tesis, que mantiene su procedencia oriental, en concreto de Lidia, basándose en supuestas características orientales de su religión y costumbres, y una tercera teoría que los sitúa en la meseta suiza del norte del Po, a través del cual habrían descendido hasta Italia.

En lo referente a la lengua, el etrusco no presenta indicios de pertenecer a las lenguas indoeuropeas, grupo lingüístico que comprende la mayor parte de las lenguas europeas y algunas del Próximo Oriente y de la India.

El primer alfabeto etrusco aparece en Cumas, primera colonia griega en Italia, a partir de Caere, ciudad de Etruria cercana al mar Tirreno, gracias al comercio e intercambio cultural de ambas ciudades. La primera inscripción que se conoce es la Copa de Néstor, descubierta en la isla Pitecusa.

La inscripción griega más antigua que se conoce es la del vaso de dipylon, procedente de Atenas, fechados a comienzos del siglo VIII aC. Los etruscos tomaron del alfabeto griego aquello que consideraron necesario y rechazaron lo que no les servía: usaron los equivalentes griegos de “a-e-i-u” y omitieron la “o”, nunca utilizaron la “d-g-b”. Usaron el mismo sentido de escritura de los griegos arcaicos, de derecha a izquierda,  y en algunos casos en boustrophedón (derecha-izquierda / izquierda-derecha). El sistema de numeración etrusca fue adoptado de los números áticos usados por los antiguos griegos, y empleaban letras y signos para denominar cantidades; este sistema de numeración sirvió de inspiración para los números romanos. Por su parte, el alfabeto romano tuvo su origen hacia los siglos VII y VI aC. y fue adaptado de los etruscos. Esta relación de ambos alfabetos aparece en la Lapis Niger, la inscripción romana más antigua que se conoce hallada en el Foro Romano sobre la tumba de Rómulo. El primer alfabeto romano constaba de 21 letras, mientras que el etrusco tenía 26. La aportación más importante que el alfabeto etrusco hizo al romano fue la letra “q”, pero las letras “k-y-z” fueron tomadas directamente del alfabeto griego y agregadas en tiempos de Augusto para poder transcribir palabras griegas.

Otro de los aspectos en el que encontramos muchas similitudes en las tres civilizaciones son las ciudades y las casas. El contacto comercial y cultural de los etruscos y latinos con los griegos en el siglo VIII aC contribuyó a que éstos adoptaran el modelo urbano griego, aunque el desarrollo de las ciudades etruscas y latinas también se debió  a su propia evolución económico y social. De los griegos adoptaron el trazado urbanístico, con dos calles principales, el Cardo y el Decumanus, además de las técnicas de construcción (los tres órdenes arquitectónicos griegos), murallas más sólidas así como importantes aportaciones tecnológicas agrícolas, artesanales y militares. Los romanos utilizaron ese mismo trazado urbanístico y estuvieron muy influenciados por los etruscos a la hora de concebir las ciudades, en la disposición y forma de los templos, en el uso del arco y la bóveda, en la construcción de mausoleos, incluso perfeccionaron las murallas.

Con respecto a las casas, no se han encontrado restos de casas etruscas, y la información que tenemos es gracias a las tumbas y a las necrópolis, que se realizaban a imagen y semejanza de las viviendas. A partir del siglo VII aC los etruscos empiezan a construir casas de planta cuadrangular, con un patio interior flanqueado por  habitaciones laterales, utilizando esta técnica a partir de los modelos griegos, de los que también adoptaron la utilización de materiales más duraderos, el ajuar doméstico, el mobiliario. Las casas romanas fueron herederas directas de las casas griegas y etruscas, y a partir del siglo VII aC siguen esa misma estructura de planta cuadrangular con un patio central (atrium) al cual daban todas las habitaciones y que tenía una abertura en el techo (compluvium).

De igual forma podemos encontrar numerosas semejanzas en los banquetes que celebraban griegos, etruscos y romanos. Los etruscos adaptaron muchas características del symposion griego, porque esto les proporcionaba categoría social. Según las pinturas murales de las necrópolis, a partir del siglo VI aC los etruscos aparecen reclinados sobre triclinios o lechos al estilo griego y, a pesar de tener una gastronomía abundante y variada gracias a la riqueza de sus tierras, saben también apreciar las novedades culinarias aprendidas de los griegos, incluso las vajillas y los utensilios de cocina son de inspiración griega. Los banquetes romanos, a su vez, comparten muchas características de los banquetes griegos y etruscos: lechos alrededor de la mesa, tipos de alimentos y bebidas, actuaciones musicales, charlas, bailes, etc.

No obstante, los banquetes etruscos se diferenciaban del resto en el aspecto ideológico: lo que para griegos y romanos significaba únicamente un festejo o la celebración de algún acontecimiento familiar o popular, para los etruscos tenía un marcado simbolismo religioso y un pronunciado carácter funerario en el cual se rendía culto al difunto.

Al analizar profundamente los tres aspectos mencionados en este artículo, podemos concluir que, como bien dice el título, los etruscos constituyeron un puente de unión entre los griegos y los romanos.

Maika García (2º B Nocturno)

 

[Aquest article ha estat publicat al número 30 de la revista Sota el cel del Puig, març de 2009.]