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Los cielos nublados que las corporaciones te quieren vender

 

Alfredo Lopez
Portside/Truthout
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Es la naturaleza de la cultura superficial, impulsada por el consumo,
embriagada de sueños, que nuestra sociedad trata de imponernos que
adoptemos popularmente términos sin saber lo que significan y que, en
la mayoría de los casos, no significan gran cosa.

Es el caso de “la Nube”.
La mayoría de los que usan ordenadores creen que saben de lo que se
trata, con la excepción de que cada cual parece tener una definición
diferente. De un sistema de almacenamiento basado en satélites, a una
red prácticamente invisible, a una colección de discos duros en todo
el mundo, a una nueva forma de almacenamiento que no requiere
ordenadores, a… cualquier nueva definición que aparezca este semana.
En todo caso, has oído hablar de la “nube” y probablemente no estés
seguro de lo que realmente es.
Esta semana, el Ejército de EE.UU. anunció que va a colocar su
Capacidad Analítica Interdisciplinaria de la Defensa –una base de
datos que almacena varios tipos de información “relevante a la
seguridad”– en la Nube. Este sorprendente evento indica un nivel de
madurez para la computación en la Nube que podría ser importante para
todos nosotros, de una manera contradictoria. Estamos más cerca que
nunca de poder construir una red de Internet completamente
descentralizada con privacidad protegida y ése es un evento que todos
debiéramos apoyar activamente. No es sorprendente que sea algo que las
corporaciones tratan frenéticamente de impedir o controlar.
Para comprender todo esto, tienes que comprender primero lo que es
realmente el “almacenamiento en la nube” y para hacerlo tienes que
apartar vuestros ojos del cielo. No lo encontrarás allí – ningún
satélite o “transferencia de datos inalámbrica” o artefactos de
almacenamiento invisibles. No es la ruptura total con la anterior
tecnología de Internet que algunos esperan. En realidad, ni siquiera
es algo nuevo.
Una “nube” no es nada más que un montón de ordenadores vinculados por
una red. No hay consenso sobre cómo recibió su nombre, aunque las
compañías están más que contentas con no corregir los malentendidos de
la gente. Pero sabemos cómo fue desarrollada. Es un simple “protocolo”
(un sistema de comandos informáticos) que permite el compartimiento
automático y rápido de información a través de una red basada en la
división de archivos en paquetes más pequeños. En breve, aunque
pienses que obtienes un sitio preciso para todos tus archivos (una
especie de disco duro personal en el espacio) cuando alquilas una
parte de la “nube”, estás entregando tus archivos a un proveedor para
que puedan ser troceados y almacenados en diversos ordenadores en la
red del proveedor.
Esto permite que el proveedor utilice eficientemente su especie y
presente rápidamente tus archivos almacenados. Si un ordenador de
almacenamiento en particular está sobrecargado con intentos de
almacenar información en él o de recuperar información de él, el
ordenador tradicional de almacenamiento se ralentizaría o incluso
fallaría. Pero con tecnología de la Nube, el proveedor puede enviar tu
pedido a numerosos ordenadores en los cuales tu archivo es almacenado
y “distribuir” la demanda para que cada instrumento de almacenamiento
en la red tome una parte de la “carga”. Es como un equipo tirando un
objeto pesado y todo sucede automáticamente y en un instante.
Impecable, ¿verdad? Por cierto las compañías lo piensan, y venden
agresivamente el servicio. También tienen todo tipo de productos que
permiten una expansión de los servicios básicos de almacenamiento. Por
un precio superior, por ejemplo, puedes almacenar tu propio software o
compartir el software que utilizas rutinariamente con otros
participantes en la nube. Por lo tanto, con este producto realzado de
la Nube, el disco duro de tu ordenador puede estar casi vacío.
Es una versión más nueva de un viejo protocolo llamado “red de
ordenadores estúpidos” en la cual tu ordenador no es mucho más que un
monitor, un teclado, y una conexión al servidor central. Todos los
ordenadores en la red utilizan ese servidor como su disco duro. Muchas
compañías todavía trabajan de esa manera, impidiendo que sus empleados
utilicen sus propias estaciones de trabajo para comunicación personal
(o para escribir una novela en el tiempo de la compañía) haciendo al
mismo tiempo que la “propiedad” de esos datos no sea cuestionada o
accesible. Cuando utilizan la Nube, es un respaldo de sus datos.
Es también la manera cómo la mayor parte de los individuos lo utilizan
aunque almacenan cosas en sus propios discos duros. Para ellos, la
Nube provee un almacenamiento seguro de respaldo que es inmune a la
pérdida de datos que resulta de ese temido incidente que todos hemos
experimentado: una falla del disco duro.
Si eso suena particularmente atractivo y sin un aspecto negativo, una
pregunta podría romper esa ilusión. ¿Tienes algunos datos privados,
cosas que no quieres que algún otro pueda ver o archivos que quieren
poseer sin compartirlos? ¿Almacenas algo semejante en una nube?
Entonces ya no será privado y, legalmente, ya no es enteramente tuyo.
Tus datos estarán entonces en manos de una gran corporación que lo
transferirá, lo dividirá, lo respaldará y lo almacenará en sitios cuya
existencia ignoras.
Si el gobierno demanda esos datos o algún abogado logra conseguir que
un juez ordene su presentación, ya no serán tuyos. Será consolidado y
entregado casi de inmediato. De hecho, incluso si decides
inteligentemente que quieres borrar todos tus datos en la Nube en
cuanto sepas del mandato judicial o de la orden de incautación
(mediante una de esas Cartas de Seguridad Nacional), no tienes
absolutamente ninguna seguridad de que tus datos no sean asequibles.
Han sido respaldados de maneras que no conoces en absoluto e, incluso
si los borras, probablemente estarán todavía en algún sitio en la red
de la Nube.
La reciente decisión que ordena a Google que entregue datos
solicitados por cartas de Seguridad Nacional significa que las
compañías entregarán la información. Si una de las compañías más ricas
y con mejores conexiones políticas del mundo no puede ganar en ese
caso, muy pocas compañías se atreverán a intentarlo. Y las políticas
de privacidad que acompañan los contratos de la Nube simplemente no
protegen tus datos. Ésta, por ejemplo, es una parte de la declaración
de privacidad de DropBox (más o menos lo que todos dicen):
“Podremos revelar a partes fuera de Dropbox archivos almacenados en su
Dropbox e información sobre usted que recolectemos cuando tengamos
creencia de buena fe en que esa revelación es razonablemente necesaria
para (a) cumplir con una ley, regulación o solicitud legal
obligatoria… Si suministramos sus archivos en Dropbox a una agencia de
mantenimiento del orden como indicado, eliminaremos la codificación de
Dropbox de los archivos antes de suministrarlos.”
¿Te hace sentir seguro? En caso que te lo estés preguntando, una
“solicitud legal obligatoria” puede, y frecuentemente es, una carta de
un agente del FBI solicitando los archivos.
La ironía de esta intrusión tecnológica de paga-mientras-almacenas es
que está basada en un protocolo que podría realmente protegernos del
fisgoneo gubernamental o por lo menos hacer que el fisgoneo sea mucho
más difícil. El concepto es llamado “retención de datos distribuidos”
o “computación distribuida” y no necesita una compañía en medio y
ningún sitio central en el cual se mantienen los ordenadores de
almacenamiento.

Imagínalo…
Te unes a una red y, como parte de tu membresía en esa red, obtienes
un pequeño artefacto de almacenamiento que conectas a tu conexión de
Internet. Ese artefacto de almacenamiento ya contiene algunos
programas de ordenador por los que no tienes que preocuparte. Solo
prendes el artefacto y luego utilizas tu ordenador como lo harías
normalmente utilizando tu cajita como unidad primaria de
almacenamiento o como un respaldo de datos. Por supuesto, no estás
realmente almacenando en la caja porque tus datos son ahora
distribuidos a todos los ordenadores en la red en pequeños fragmentos.
Puedes recuperarlos rápidamente si lo necesitas (con la misma rapidez
que podrías hacerlo del disco de tu ordenador) pero la mayor parte ya
no está en esa caja. Está en la caja de algún otro y los datos de
algún otro están en la tuya. No tienes idea qué datos se encuentran y
ninguna idea de dónde están los tuyos.
Eso significa que si funcionarios del gobierno entran a tu casa y se
llevan la caja, no van a saber lo que contiene y no pueden obtener esa
información de tu persona porque tú tampoco lo sabes.
No hablamos de ciencia ficción. De hecho, la capacidad ha existido
durante muchos años. La distribución de almacenamiento de red remota
es la manera cómo funciona “el servicio de correo anónimo” (o "remail
service"). La única diferencia es que los sitios de almacenamiento en
esos sistemas están probablemente ubicados entre servidores de acceso
público como el que May First/People Link (la organización a la que
pertenezco) compartía con nuestros colegas en RiseUp. Es el que el FBI
incautó el año pasado y no pudo conseguir ninguna información –estaba
cifrada– de modo que lo devolvieron sin jamás informarnos (o a RiseUp)
de que lo habían hecho para comenzar.
El enfoque para compartir partes de archivos entre varios ordenadores
es llamado “"peer to peer file sharing" [compartimiento de archivos
uno a uno] y también es bastante común. Es el concepto utilizado por
BitTorrent, el notable protocolo de compartimiento de archivos
desarrollado por Bram Cohen. BitTorrent funciona ahora como el sistema
más popular de compartimiento de archivos en Internet con tantos
usuarios como Facebook y YouTube juntos. Se bajan archivos de un
conjunto de otros ordenadores en una red, casi siempre en pequeños
trozos almacenados en un ordenador diferente. El protocolo de
BitTorrent cambia constantemente la fuente de almacenamiento durante
la descarga y, como por arte de magia, se termina por tener un
archivo.
BitTorrent, a propósito no oculta tu dirección de IP (los números que
te identifican mientras estás en Internet) de modo que no es una
“prueba de privacidad” sino un protocolo compatible de BitTorrent
llamado One Swam hace precisamente eso y hay muchos enfoques en
desarrollo que te convierten en “anónimo” mientras compartes archivos.
Existe el protocolo de distribución. También el protocolo de
almacenamiento. Todo lo que se necesita para convertirlo en realidad
es la red de personas dispuestas a participar. Pero las compañías que
venden almacenamiento en la Nube tratan frenéticamente de reclutar
todo Internet en sus servicios de expansión de sus cuentas bancarias,
logrando al hacerlo que sea mucho más difícil reclutar a la red
distribuida. El hecho de que la mayoría de la gente, activistas o no,
no tiene la menor idea de cómo todo esto funciona hace que se aumente
la dificultad.
Pero ¿qué pasa si un movimiento activista decidiera que vale la pena
organizar un proyecto semejante? ¿Qué pasa si alguna organización de
Internet desarrollara y lanzara este tipo de red? ¿Qué pasa si un
grupo de servidores progresistas de Internet estableciera una
coordinación que haga que esto suceda?
Es una idea que dispersaría las nubes y revelaría un hermoso cielo
asoleado de privacidad y protección en Internet.

Fuente: http://truth-out.org/opinion/item/16789-the-cloudy-skies-corporations-want-to-sell-you