Sou a: Inici / Usuaris / Salvador López Arnal / textos / 2013 / Sobre las nuevas formas de hacer política y la nueva política

Sobre las nuevas formas de hacer política y la nueva política

Palabras de la intervención en un acto del Front Cívic de Vilassar de Mar (Barcelona), 17 de noviembre de 2013.


 

Salvador López Arnal

 

Palabras de la intervención en un acto del Front Cívic de Vilassar de Mar (Barcelona), 17 de noviembre de 2013.

***

 

Buenos días.

Gracias por la invitación. Es un honor intervenir en este marco, en esta Biblioteca Municipal, en este lugar público que lleva por nombre el del malogrado Ernest Lluch.

Tarjeta amarilla o incluso roja si les aburro, interrúmpanme cuando estimen por favor. Dejemos todo el tiempo del mundo para el coloquio, lo más interesante. Exposición de 25 minutos. No les canso más.

Si algo de lo que voy a decirles tuviera interés, me gustaría dedicárselo a dos nacimientos, a una ausencia muy presente y a una persona maltratada. Las más jóvenes: Martina y Lucía, que cumplirán, como quería Tanner, 88 y 92 años en el 2100. Nuestro amigo y maestro ausente (¡y tan presente!): Francisco Fernández Buey. La persona maltratada: la ciudadana rebelde Ester Quintana. La intervención represiva de los Mossos d’Esquadra en la huelga del 14N, hace un año y dos días, tuvo como consecuencia que perdiera uno de sus ojos.

 

1.

Para entrar en materia, es sábado y son las 11 y 15 minutos, les explico un chiste y un resumen de lo que voy a sugerir.

El chiste: ¿saben por qué en numerosos países de América Latina han habido tantos golpes de Estado a lo largo de la Historia mientras que en Estados Unidos, hasta el momento y con más de una duda razonable (asesinato de Kennedy por ejemplo), nunca ha habido ninguno? ¿Se lo imaginan? Efectivamente, han acertado. Porque en Estados Unidos no hay ninguna embajada de Estados Unidos. Un chiste, una observación, sobre la vieja forma, sobre la viejísima forma de hacer política. La usual, la más extendida.

El resumen, un resumen que apunta a las nuevas formas de hacer política, a la sospecha ciudadana ante cuentos y falsedades diseñadas y promovidas. Un poema de Erich Fried, “La capital”, de sus cien poemas apátridas.

¿Quién manda aquí?

Pregunté.

Me dijeron:

El pueblo naturalmente”.

 

Dije yo:

Naturalmente, el pueblo

pero, ¿quién

manda realmente?”

 

Añadamos nosotros: ¿y quién debería mandar afable, equitativa y realmente? Pues ahora sí, en serio, el pueblo, la ciudadanía en pie crítico de resistencia y apuesta por la vida. La democracia en su sentido más profundo.

Una nueva forma de hacer política. John Berger lo apuntó maravillosamente, como es distintivo suyo: “La democracia no es un sistema, como falsamente se enseña, sino una forma –que cambia todo el tiempo- de resistencia.”

 

2.

El tema, nuevas formas de hacer política, es un tema políticamente nuevo para mi. Perdonen el chiste fácil. Lo de reiventar me supera. ¡Pobre de mí! ¿Reiventar? ¡Si apenas soy capaz de inventar nada! Me temo que les voy a soltar un conjunto de trivialidades, pero, eso sí, muy acotado. Sé poco del tema, lo que he aprendido lo he aprendido de muchos de ustedes, y, por otra parte, tal como están las cosas, me conformo con que esa nueva política y esa nueva forma de practicarla, las dos cosas cuentan aquí, tenga mucho que ver con aquello de lo que nos habla (y habló durante muchos años) Francisco Fernández Buey (él sí que sabía de estos temas) en su último libro, Para la tercera cultura.

Cuanto menos, decía el estudioso de Gramsci, cabe no renunciar al sentido noble (griego, aristotélico) del término política, definida como participación activa de la ciudadanía, de toda la ciudadanía, especialmente de la menos favorecida, la que no cuenta en las cuentas a no ser que sea como recursos humanos de quita, pon y sustitución, en los asuntos de la polis socialmente organizada.

 

3.

Es útil a veces para pensar contenidos positivos reflexionar por negaciones (no digo forzosamente por la compleja figura dialéctica de la negación de la negación). La nueva política de la que hablamos, o a la que aspiramos, tiene poco, muy poco ver, con el 99,9% (tomen el decimal como período puro) de lo que normalmente se considera “política” en medios de intoxicación, en revistas especializadas del establishment, en sesudos análisis publicitados urbi et orbe o en algunos organismos o fuerzas institucionales. Como señaló Maquiavelo, Francisco Fernández Buey solía recordarlo, es conveniente, incluso necesario, conocer los numerosos caminos que conducen al infierno… precisamente para evitarlos, para alejarnos de ellos todo lo que nos sea posible. Y si cabe un poco más.

Dicho queda: alejarnos de los usuales modos de hacer política aquí y en muchos otros lugares del mundo (estoy pensando por ejemplo en la reciente visita del president Mas, también en sus declaraciones y contactos con corporaciones, al estado racista y xenófobo de Israel) es ya, de entrada, un pequeño paso en la dirección correcta.

(Entre paréntesis y para matizar: no en todos los lugares desde luego. Conocemos todos ámbitos populares, fuerzas organizadas, instituciones municipales, países hermanos, donde las cosas se intentan hacer de otro modo. Los procedimientos democráticos no son sólo en estos casos una bella y sonora expresión, son praxis, ideas en acción y revisión, conquistas populares que deben cuidarse, extenderse y protegerse).

Tomo pie ahora en uno de los grandes artículos que conozco a favor de otra forma de hacer política, de alguien que la teorizó (tenía ojo clínico para ello), hace ya unos 30 años, y que además la practicó (en el CANC, en las CCOO de entonces o en otros movimientos sociales de la época como el antinuclear). Habló de un maestro de todos nosotros, de Manuel Sacristán.

La política tradicional, decía el autor de los imprescindibles Panfletos y Materiales, “nos parece un arte perverso de conducir a los pueblos adonde no quieren ir, por medio de alguna forma de engaño más o menos paternalista basado en el axioma de que la opinión de los interesados no viene a cuento, porque el pueblo es ignorante”. En una eficaz división espontánea del trabajo, estaba hablando del referéndum otánico de mediados de los ochenta, “el uno intentado ampliar por la derecha y los otros dos por la izquierda el consabido 0,5%”, el contralmirante Jesús Salgado y Claudín y Paramio profesan la sustancia de la política tradicional: los dos últimos (amigos suyos en algún momento) “creen salvar el alma arrostrando como mártires la impopularidad del otanismo en esta masa de ignorantes con prejuicios que seríamos los españoles”; el contraalmirante por su parte, proseguía Sacristán, no consideraba prudente dejar la cuestión de la OTAN “a la sola influencia de unas cuantas pintadas y algunas escaramuzas bullangueras rebozadas de vinillo gratuito a tantos rublos el hectolitro”, porque esas cosas requieren “profundos conocimientos sobre política exterior, políticas... y otras muchas y variadas ciencias” que el pueblo, como es notorio, no posee”. La calumnia de los rublos, señala el autor de Pacifismo, ecologismo y política alternativa, “vilipendio del sacrificio económico de tantos pacifistas, es la versión en lengua cuartelera de la insinuación, más sutil, de que el movimiento pacifista es pro-soviético, hecha por Claudín y Paramio”.

Profundos” conocimientos, élites informadas, pueblos ignorantes, decisiones de unos pocos. La escena de “Lo que resta del día”, aquella excelente película y más que meritoria novela que muestra bien el protofascismo y el vomitivo elitismo de sectores no marginales de las clases dirigentes británicas de los años 30.

En otro gran artículo el autor de El orden y el tiempo añadió algo que en mi opinión es central para nuestro tema. Lo siguiente: “En el desánimo perceptible entre antiguos intelectuales de izquierda europeos [está escribiendo en 1983 pero la cosa, como sabemos, se ha más que prolongado en el tiempo] está de moda separar por completo la política de la ética. Una discusión como la promovida por la Global Tomorrow Coalition [acerca del crecimiento económico] muestra con sencillez que la política no es sino una ética (buena o mala) pública, colectiva”. Por eso, concluía, las cuestiones de política ecológica, y muchas otras, la mayoría más bien, tienen dos caras, la descriptiva, la científica, la cognoscitiva si se quiere, y la propiamente ética o política, poliética hubiera escrito Francisco Fernández Buey.

 

4.

Entro propiamente en materia, en desnuda y pobre materia. Si me permiten, tomaré pie en Jorge Luis Borges (una homenaje implícito a la justicia argentina y su apoyo a la querella contra el franquismo) sin que esté intentando, por supuesto, ninguna comparación alocada. No he perdido el juicio. Al autor de “El aleph” le invitaron a hablar sobre Dostoievski en el casal de amistad soviético-argentino en los años sesenta. ¡Fue! No le gustaba D comentó -¡no le gustaba D, qué barbaridad, qué mal gusto!- y habló de Dante, de la Divina Comedia. Mi Dante, mi salida momentánea de tema, es un artículo de Juan Gelman sobre Iraq. Les resumo:

Terminó –por así decirlo– hace menos de dos años y pareciera que la guerra de Iraq entró en perfecto olvido. Tal vez porque finalizó tres veces, señala el gran poeta argentino: la primera, cuando Bush anunció en mayo del 2003, menos de dos meses después de la invasión y a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, “misión cumplida”. La segunda bajo Obama, prosigue Geman, cuando tropas estadounidenses cruzaron la frontera con Kuwait como si se estuvieran retirando, un hecho proclamado como “el fin de la guerra de Iraq”. La tercera, cuando el Parlamento iraquí se negó a acordar inmunidad a los invasores, quienes proclamaron oficialmente el cese del conflicto el 11 de diciembre del 2011. Pero la muerte sigue campante su paseo por Iraq. Estos otros asesinatos, recuerda nuestro premio Cervantes, provocados por enfrentamientos sectarios y sobre todo por atentados terroristas, no despiertan mayor interés en los medios a pesar de su estruendo.

Una breve relación, recuerda con dolor Geman, el padre-suegro de dos jóvenes asesinados por la dictadura militar argentina, indica que el 10 de octubre que pasó hubo 42 ejecutados, 39 muertos y 22 heridos en distintas partes del país; el 11 de octubre, 23 muertos y 36 heridos; el 12 de octubre, 47 asesinados y 50 heridos; el 13 de octubre, 61 muertos y 171 heridos; el 14 de octubre, 13 asesinados y 12 heridos; el 15 de octubre, 24 muertos y 34 heridos; el 16 de octubre, 14 muertos y 20 heridos; el 17 de octubre 76 muertos y 229 heridos. Según estimaciones del Centro Palestino, más de 6.000 civiles iraquíes perdieron la vida sólo en lo que va del año. ¿Daños colaterales de la “democracia y la libertad”, el cuento falsario del imperialismo de los derechos humanos, que EE.UU. y sus socios de la OTAN legaron a Iraq, pregunta el poeta? Viejísima forma de hacer política: la guerra criminal, la prolongación de la más vieja política por viejos y nuevos instrumentos de destrucción y muerte.

Es notorio, prosigue Gelman, que se contradigan las evaluaciones en torno del número de muertos civiles durante los ocho años de guerra propiamente dicha. Tema espinoso. Los mandos de las tropas ocupantes decidieron no dar cuenta del número de esas bajas. Lo que no se comenta, no existe. En no pocas ocasiones las incluyeron en el rubro de “fuerzas insurgentes” o “terroristas”. Ya está. Pero no es eso y hay más.

Salee, una niña de 9 años que difícilmente perteneciera a las unas o a los otros señala Gelman, estaba jugando a la rayuela con sus amigos cuando aviones de EE.UU. dispararon tres misiles causando la muerte de su hermano y de su mejor amigo, la pérdida del pie derecho de su hermana Rusul y la de sus dos piernas desde las rodillas. Un caso entre tantos otros. Notas a pie de página de la vieja política. Nada sustancial desde esa perspectiva.

El presidente Obama calificó a EE.UU de “país excepcional” y uno de los factores de esa calidad es la ignorancia o la no admisión de las matanzas del gobierno por parte de un sector de la opinión pública, nos recuerda Gelman también. En 2011, una encuesta de la Universidad de Maryland reveló que un 38% de los estadounidenses estaba perfectamente convencido de que EE.UU. había hallado pruebas irrefutables de que Saddam Hussein mantenía estrechas relaciones con Al Qaida. Un estudio publicado por la revista PLOS Medicine preparado por doce investigadores de EE.UU., Canadá e Iraq, indica que perdieron la vida 460.800 civiles iraquíes entre 2003 y 2011 (24 Vilassares de Mar aproximadamente), un 60 por ciento de muerte violenta y el resto por el colapso de la infraestructura hospitalaria motivado por la guerra y causas anexas. Nada que ver con las creencias de la ciudadanía usamericana.

Habrá que darle la razón a Leonardo da Vinci, concluye Gelman. El genio italiano escribió: “El mal es nuestro enemigo. ¿Pero no sería peor que fuera nuestro amigo?”.

 

5.

Esta, la historia que nos cuenta Juan Gelman, no es una nueva forma de hacer política ni de generar creencias entre las gentes. Es vieja, viejísima. Es uno de los caminos del infierno de los que nos habló y advirtió Maquiavelo.

En cambio, una nueva forma de hacer política es esta misma reunión: que un grupo de ciudadanas y ciudadanos, ustedes, las personas, los amigos que llenan milagrosamente este local, se reúna una mañana de un sábado, un día de descanso para muchos aunque ya sé que no para todos, 9 días después del no olvidado 7 de noviembre, para hablar y dialogar acerca de asuntos de la polis, para discutir sobre ideas en torno a la forma de organizar la ciudad de la mejor forma posible, la que posibilite más justicia, más libertad, más fraternidad, más capacidad de resistencia ante los huracanes de destrucción social a los que estamos sometidos, sin olvidar, por supuesto, los desastres naturales cada vez menos naturales. Pensemos en lo sucedido estos días en Filipinas y en el cambio climático que no es una hipótesis sino una realidad cada día más real y actuante, y recordemos las actitudes irresponsables de muchos gobiernos del mundo.

Así, pues, otra nota más: su acción, su actitud, es en sí misma una arista esencial de esa forma nueva de hacer política.

 

6.

De hecho, ustedes, en sí mismos, son otra forma nueva de hacer política. ¿Por qué? Porque hacen política como servicio, sin aspiraciones institucionales remuneradas, sin deseos de medrar en puestos o ubicaciones privilegiadas, sin ninguna finalidad de escalar para ubicarse. En la ciudad, señalaba Platón, deberían mandar aquellos que no deseasen hacerlo. El autor de La República, que era un reaccionario de muy señor mío por supuesto, y de estatus muy elevado, no andaba muy equivocado en este nudo.

La política democrática entendida como servicio de la ciudadanía a la propia ciudadanía, al servicio del demos y de los más desfavorecidos. Como es decente, como es virtud transmitida y voceaba en nuestras tradiciones populares.

La generosidad social como nuevo nudo de la figura de la nueva política.

 

7.

Ustedes, además, hacen, practican, lo que desde mi punto de vista es esencial en estos momentos para las gentes que no quieren transitar por caminos trillados y tóxicamente polvorientos. Ni tampoco, desde luego, abonan la desesperación (aparentemente lúcida) y el no se puede, el todo es igual y seguirá igual.

Resisten, resisten, resisten, intentan parar los golpes permanentes, ininterrumpidos (los adversarios son lectores sesgados de Lenin y Trotski, pero sin asomo de contradicción entre estos dos últimos desde su perspectiva), los golpes incansables, decía, de la reacción. La Europa del euro, del capital y el mal, de la economía y la Cía, de las desigualdades terroríficas, como nos contaban los amigos de la Bola de Cristal, no cejará en su empeño. Pero hay que seguir, hay que vivir, no claudicar, de pie, no de rodillas.

Aunque la tarea, ciertamente, parezca a veces una tarea sobrehumana.

Resistencia, no claudicación, tenacidad, apoyo mutuo, son puntos a añadir al cuadro que intentamos dibujar.

 

8.

Más fuertes al final que el patrón que les paga /y que el salta-taulells que les desprecia”, escribía el poeta, el autor de la “Canción del aniversario”, el ex colaborador de Laye, Jaime Gil de Biedma. Añadía:

 

que la ciudad les pertenezca un día.

Como les pertenece esta montaña,

este despedazado anfiteatro

de las nostalgias de una burguesía.

 

La ciudad, una parte fraternal de la ciudad, no les perteneció pero les apoyó solidariamente, les fue afable, les acogió en algunos momentos, admirados, conmovidos por su lucha, su entrega, sus Téllez, sus Epi, sus Alejos, sus Puig Antich, sus Josep Bel, sus Marcos, sus Lauren, y sus organizaciones de héroes y heroínas anónimas. Por poco tiempo, eso sí, por muy poco tiempo.

No en cambio ahora. La ciudad ya no les acoge, ya no les trata afablemente, les señala caminos falsarios sobre capitalismos de emprendedores e historias similares.

Una demostración no poética de la expropiación antipopular tomada de la última encuesta metropolitana de Barcelona que arroja, que nos escupe en la cara datos alarmantes, escalofriantes, de esa vieja forma de hacer política a favor de los intereses más caducos que podemos imaginarnos, los mismo que defendía don Isidre Fainé cuando señalaba satisfecho que aumenta la competitividad de la economía española gracias a que los salarios de los trabajadores están al mismo nivel que en 1999:

Renta media del 10% de la ciudadanía barcelonesa más pobre en 2006: 4.570. Renta media en 2011: 2.519. Decremento: en torno al 45%.

Renta media del 10% de la ciudadanía barcelonesa más rica en 2006: 36.145 euros. Renta media en 2011: 38.343. Incremento: en torno al 6%

Rentas públicas (desempleo, pensiones, rentas no contributivas) que recibía en 2006 el 10% más pobre: 1.737 euros. Rentas públicas en 2011: 1.334 euros (un decremento cercano al 23%).

Rentas públicas (desempleo, pensiones, rentas no contributivas) que recibía en 2006 el 10% más rico: 2.661 euros. Rentas públicas en 2011: 3.673 euros (en torno al 37%).

El autor de la nota en la que me he basado recuerda un paso de un artículo de Antón Costas, nada sospechoso de veleidades izquierdistas, publicado en la revista La Maleta de Port Bou: “si la desigualdad continúa su tendencia actual, la lógica desigualitaria del capitalismo financiero acabará chocando con la lógica igualitaria de la democracia”.

¿Acabará chocando? Ya ha chocado, ya ha golpeado salvajemente.

En cambio, su forma de hacer política, su resistencia como señalaba Berger, su participación democrática, su discusión, su afable cultivo de la comunidad, impide la total destrucción de lo que ha sido una conquista, parcial sin duda, mejorable a todas luces, no total ni definitiva, desde luego, de las clases trabajadoras de nuestro país de países, de Europa y de todo el mundo

 

9.

Su forma de entender la política permite además la perspectiva ajustada, la que señala al centro esencial de la diana básica. Es un honor para mi compartir esta jornada con personas como Juan Carlos Monedero y los compañeros Marcos y Lauren.

No quiero dejar de recordar una de las grandes hazañas del movimiento obrero catalán de estos últimos años: la huelga de hambre de los trabajadores de Telefónica y la solidaridad ciudadana que arropó a ese movimiento. Tenemos entre nosotros a dos de sus protagonistas. ¿No nos reconocemos en ellos? Como seguro que nos reconocemos en la lucha tenaz, admirable que están realizando los trabajadores de la limpieza de Madrid. Un ejemplo para todos. Nuestra máxima solidaridad.

 

10.

El sectarismo, el cultivo de la lejanía de la necesaria unidad, es también un componente de la vieja forma de hacer política. Ustedes, su forma de hacer, de intervenir, va en dirección contraria: la búsqueda de un máximo común denominador, la búsqueda de un programa, de acuerdos que permita unir de algún modo, de manera flexible, colectivos diferenciados, con temáticas no siempre coincidentes pero con muchos, con muchísimos nudos y puntos en común, es más necesaria que nunca. Unir lo que es común, lo que combate contra el mismo adversario, con aspiraciones semejantes es un nudo esencial del programa de la hora, de nuestra hora.

Otro nudo a incorporar: la permanente búsqueda de la unidad no impuesta,

 

11.

La dignidad es otro punto básico que, creo, caracteriza al movimiento, a esa forma de hacer política de la que ustedes forman parten y abonan. El Campamento de la Dignidad que este pasado verano ha irrumpido en tierras de Extremadura es un buen ejemplo de ello. Es un referente, un modelo, un espejo en el que poder mirarse sin que estalle.

Déjenme que cite un nombre, el de Manuel Cañada, un ejemplo de combatiente, de resistente, un referente de todas y todos nosotros.

Dignidad en nuestras aspiraciones, en nuestra forma de estar, en nuestra forma de hacer política. Nada que ver con la indignidad inconmensurable de las viejas formas de hacer y obrar, de la vieja política. Ni con sus falsedades, sus suciedades, sus chismorreos o sus cálculos interesados.

 

12.

Democratizar es desmercantilizar, ha señalado Emir Sader. La brutal penetración del dinero en todos los poros de la sociedad, señala Sader, llegó de lleno a la política, con el financiamiento de campañas electorales, con los lobbies en los parlamentos, todo absorbido por las democracias liberales, revelando su inmensa elasticidad. Lo destacaba bien Marx, prosigue, al decir que cuando las constituciones liberales enuncian que “todos son iguales frente a ley”, ahí empieza la desigualdad. La era neoliberal representa el máximo de realización del capitalismo en su afán de transformar todo en mercancía, en mercantilizar todo. Libre de las trabas de las reglamentaciones públicas o estatales, el capital fluye sin limitaciones, realizando la contra-utopía de que sea “un mundo en que todo se compra, todo se vende, todo tiene precio”. En nuestros países, esos procesos han trasformado profundamente a nuestras sociedades, destruyendo, intentando destruir, la escasa red de protección de nuestros estados, trasfiriendo hacia el mercado lo que eran derechos: a la educación, a la salud, a la cultura, al transporte, a la vivienda.

Para Sader, democratizar nuestras sociedades es desmercantilizarlas, transferir de la esfera mercantil hacia la esfera pública, la educación, la salud, la cultura, el transporte, la habitación, la vivienda, el trabajo, es rescatar como derechos lo que el neoliberalismo impuso, está intentando imponer, como mercancía. Una sociedad justa, concluye, “es una sociedad centrada en la esfera pública, en la universalización de los derechos, en los ciudadanos y ciudadanas, como sujetos de derecho.”

Esta es también otra arista a tener muy en cuenta. ¿Recuerdan el “A desalambrar, a desalambrar, de Víctor Jara? Hay que actualizarlo: a desmercantilizar, a desmercantilizar, a recuperar bienes comunes, conquistas y espacios públicos. Yo pregunto a los presentes, a ustedes en este caso, si se han puesto a pensar que esta tierra, nuestras ciudades, nuestros derechos más esenciales, nuestros servicios públicos, es de nosotros y no del que tiene más.

Seguro que ustedes ya conocen el postulado esencial: lo común es de los comunes.

 

13

Acabo ya. Ustedes, además, no se avergüenzan, hacen muy suyo un poema imprescindible de Brecht que les voy a leer (¡ójala supiera recitarlo!) en una traducción de Toni Doménech.

No solo no se avergüenzan sino que es suyo. Ustedes viven, laboran, aman y luchan por y con él. Dice así:

 

Con paso seguro marcha hoy la injusticia.

Los opresores se disponen para otros diez mil años.

El poder asegura: lo que es, persistirá como es.

Voz, ninguna llega, sino las de los dominadores

Y en los mercados, dice bien alto la explotación: Ahora

Llegó por fin mi hora.

Y entre los oprimidos muchos dicen ahora:

Lo que queremos, no ha de venir jamás.

 

Y ahora el giro resistente del poeta alemán, el mismo que escribió un poema maravilloso, ¡que fue desechado finalmente!, para que fuera la letra del himno de la República Democrática alemana (Brecht y Haydn, dos maravillas en una misma obra artística no nacionalista):

 

Quien aún siga vivo: ¡que no diga jamás!

Lo seguro, no es seguro.

Lo que es, no persistirá como es.

Cuando los dominadores hayan hablado

Hablarán los dominados.

¿Quién osa decir jamás?

¿De quién depende que persista la opresión? De nosotros.

¿De quién depende su quiebra? De nosotros, también.

Quien haya sido derrotado, ¡que se levante!

Quien esté perdido, ¡que luche!

¿Quién detendrá al consciente de su situación?

Porque los vencidos de hoy son los vencedores de mañana

Y del jamás, saldrá el todavía.

 

Ese todavía, compañeras, compañeros, gracias a ustedes, a su forma nueva, humanística y crítica, de hacer política con nuevas finalidades, permitirá avanzar en el imprescindible sendero de la justicia, la equidad y la libertad real, no puerilmente demediada.

Gracias pues: ustedes con su ser, con su acción, con su ejemplo, con su incansable tenacidad, son la mejor respuesta a la pregunta que me formularon los organizadores sobre las nuevas formas de hacer política, sobre la urgente (y cada vez más avanzada) necesidad de su reinvención.

 

Salvador López Arnal es miembro del Front Cívic Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra, director Jordi Mir Garcia)

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes