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El funeral de Nelson Mandela, Raúl Castro, Obiang y el más que injusto comentario de Lluís Bassets

 

Salvador López Arnal

 

Lluís Bassets ha escrito, y no es fácil, sobre el significado de la muerte. Publicó su nota el pasado jueves en las páginas de El País [1]. Su diario como es sabido. Si mi memoria no anda extraviada, fue director, ayudante de dirección o responsable de la edición del global en Cataluña... o acaso todo ello en diferentes momentos de su dilatada trayectoria profesional. No es esencial el dato para este comentario.

En todo caso, desde un punto de vista lógico-político que diría un Quine enrojecido, LB ha sido más, mucho más. Ubicado actualmente en el ámbito o en las cercanías de un partido que, a pesar de todo y en contra de todas las evidencias sabidas, conocidas, experimentadas y concebibles, sigue denominándose “socialista” y “obrero”, o en los alrededores de una ICV cada vez más “soberanista de debò” y cada vez más “clase media con inquietudes sociales”, LB fue en sus años de juventud, como tantos otros “insignes prohombres del país”, militante-cuadro del Partit Socialista Unificat de Catalunya, el partido de los comunistas catalanes, unos luchadores antifranquistas que siendo catalanes -y no catalanes desde luego- y combatiendo como combatieron, y no con formas silenciosas, por las entonces más que perseguidas libertades nacionales, nunca fueron ciudadanos antiespañoles ni pensaron que España se podía reducir a las siglas UGLYF [Una, grande, libre y fascista]. LB tiene historia política, no es un neoliberal al uso, no es un ejecutivo del País de la última horrible y escalofriante hornada.

En su columna sobre la muerte y el significado, negro destacado sobre blanco de fondo, ha escrito: “No hay ambigüedad en el legado de Mandela, tal como se encargó de subrayar el presidente de los Estados Unidos respecto a quienes alaban su lucha por la libertad pero no toleran disidencia alguna en sus países.” Visto lo visto, como es evidente, sí que hay ambigüedad... o, por mejor decir, algunos están haciendo todo lo posible -y casi lo imposible- para conseguir que el legado de este gran luchador sea ambiguo. Mandela no fue ningún neoliberal ni ninguna figura afín. Fue un revolucionario, un comunista, que luchó contra un sistema de opresión tan inhumano e injusto como el apartheid. Con acciones armadas, con otro tipo de movilizaciones populares, enfrentándose al adversario-enemigo, pactando con ellos desde posiciones de fuerza, buscando acuerdos que no negaron ni ocultaron una historia de opresión y asesinatos (que han tenido dolorosas prolongaciones en fechas recientes), equivocándose mil veces y acertando en diez mil ocasiones. Nada que ver con Obama y su legado tan afín al establishment, nada que ver con las tradiciones político-culturales de la mayoría de los “líderes” políticos europeos y mundiales.

Bassets sigue en su nota con otra sesuda reflexión. La formula así: “Ahí estaba toda una colección de déspotas que le apoyaron en su lucha, dispuestos a sacar por última vez algo de partido de una imagen ejemplar que no les pertenece; empezando por el que más destaca, Robert Mugabe, el presidente de Zimbabue, que ha conseguido convertirse en el modelo rabiosamente contrario a Mandela, y siguiendo por Raúl Castro o Teodoro Obiang”.

No sé exactamente (aunque resulta más que extraño) si todos los citados ayudaron realmente en su lucha a Mandela y al movimiento del que formaba parte (Reagan y Thatcher no: era algo así como un vil y sucio terrorista para ellos). Pero, sea como fuere, ubicar a Raúl Castro, el presidente, el revolucionario cubano, al lado de un individuo de las características poliéticas del dictador corrupto y criminal Teodoro Obiang no es admisible ni justo ni prudente ni equilibrado. No tiene ninguna explicación razonable ni justificación alguna. Por decirlo suavemente, es una infamia o un atropello político-cultural.

Bien pensado acaso tenga una explicación: no haber entendido mucho o no querer entender el verdadero legado de Mandela y saber tal vez mucho del significado de la muerte pero saber poco, muy poco, o no recordar mucho, del significado del compromiso, la lucha, la vida y las finalidades esenciales de aquellos seres humanos que tienen la equidad, la justicia, la fraternidad y la libertad no demediada en un lugar destacado de su cosmovisión y su práctica social.

 

Nota:

[1] Lluís Bassets, “El significado de la muerte”. El País, 12 de diciembre de 2013, p. 6.

 

Salvador López Arnal es nieto del cenetista aragonés asesinado en el Camp de la Bota de Barcelona, mayo de 1939 [delito: “rebelión militar”], José Arnal Cerezuela.

 

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