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Apuntes deshilvanados sobre el concierto por la independencia

 


No asistí. Sólo pude verlo por una televisión servilmente entregada a “la causa” –¡TV3: seis horas conectada!- a partir de las 12:30. Hasta el final, unas dos horas más tarde.

Lo mejor desde mi punto de vista: que Pedro Guerra, en contra de lo anunciado, no viniera finalmente al “concierto”; que Raimon, todo un símbolo de la canción y cultura catalanas (Sacristán tradujo sus canciones y poemas al castellano), un referente de la lucha antifranquista, no participara, y que tampoco intervinieran finalmente, salvo error por mi parte, Pi de la Serra y Mayte Martín.

Musicalmente hablando, cuando menos tal como se ofreció por TV3, el recital fue un desastre. Versiones absolutamente mediocres; cantantes que de hecho no contaban; inversión del significado original de algunas canciones,… Con decir que incluso la gran Maria del Mar Bonet, en la última de sus actuaciones, cantó tan mal y con tan poca convicción, que uno deseaba salir corriendo y no volver la vista ni el oído atrás está dicho todo.

El gripo, la consigna que se oyó intermitentemente durante esas dos horas: INDEPENDENCIA, INDEPENDENCIA. Sin poder asegurarlo, el sonido no acompañaba, no logré escuchar otras vindicaciones, algún rechazo. Tal vez, un ¡Visca Catalunya! (y no sé si también un ¡Visca Palestina!), cuando tres cantantes árabes (quiero pensar que bien intencionados pero muy mal informados y orientados: ¿qué tendrá que ver la causa palestina con el independentismo, mayoritariamente conservador y neoliberal, catalán?), ellos tres y Ramoncín -¡Ramoncín!- convirtieron una canción de la lucha antifranquista, “L’estaca”, en un himno del combate nacionalista insolidario. Una infamia que no permite el perdón ni la disculpa.

Para ser justos, y más allá de otras consideraciones que están en la mente de todos, fue Ramoncín el único que habló en esa parte del recital de las libertades catalanas enmarcadas en una España republicana y finalizó con un “salud y República”. Tuvo sus bemoles. No pude oír la reacción de los asistentes. La voz de los comentaristas, dos hooligangs del nacionalismo excluyente no siempre informados, lo impidieron. Ni una sola referencia por su parte a lo que acababan de oír para anunciar, tapando lo anterior, la payasada (musicalmente hablando) final, el “Tozudamente alzados”, otra canción más del insigne don Lluís Llach. ¡Quién le ha visto y quien le ve! (Por cierto: ¿por qué todas las canciones que se oyeron en la parte final del recital eran del líder musical del independentismo Mas-Jonqueras?).

Todo sonó a falso. Todo. Incluso las “Campanades a mort” o el “Viatge a Ítaca”, incluso el “I si canto trist” y las referencias a Salvador Puig Antich.

Gerard Quintana, cantante del grupo Sopa de Cabra, alguien que hace años, según se comentó, hablaba a su hijo en castellano para que ampliara horizontes, concluyó su intervención hablando de libertad y aclarando que se vindicaba "una libertad en la que quepamos todos, una libertad sin recortes, con una enseñanza, una cultura, unos medios públicos, con solidaridad con la gente que es desalojada injustamente, con los que sufren, esa es la libertad que queremos". Nada, de eso nada, música mediocre y parole, parole, parole, para engañarse a uno mismo y acaso a un sector importante del público asistente.

La presidenta de Òmnium Cultural, la ex del PSUC, Muriel Casals convocó a los asistentes a realizar una gran cadena humana el próximo 11 de septiembre. Abogó porque todo el mundo deje las discrepancias al margen -¡las discrepancias sobre recortes, ataques a la educación y sanidad públicas,… al margen!- e hizo un llamamiento de frente nacional y nacionalista, a los "demócratas de dentro y fuera de Catalunya" para que hagan posible la celebración de un referéndum soberanista. Vale la pena insistir: se presupone que el resultado del referéndum es la independencia y que todo catalán que se precie, y que sea digno del nombre, tiene que ser un independentista anti-españolista (Matizo y señalo: no es la España neofranquista la que se critica, no, nada de eso, sino toda España: Queipo de Llano, Franco, Azaña, Negrín, Ibárruri, García Lorca, Hernández, Marcos Anda, todo es uno y lo mismo: ¡son españoles! ¡la peste del Medioevo!)

Por su parte, el presidente de la Generalitat, don Artur Mas, el que se rió de la forma de hablar castellano de los niños andaluces y extremenos, estaba el sábado en Menorca por la boda de su hija. ¡Vaya por Dios! ¡Todo sea por la familia y sus bodas menorquinas! El presidente de UDC, don Josep Antoni Duran i Lleida, lamentó que no pudiera estar presente "por un compromiso previo". No explicó el compromiso. Eso sí, don Duran i Lleida juega con muchas barajas en la mano. Entre otras, con la de ser el futuro president de la Generalitat si todo acaba en un desastre descomunal.

Algún independentista metido en temas musicales comentó, antes de la celebración, que el concierto estaba muy mal organizado y que será un tostón además de un sacacuartos. Sin que sirva de precedente (o esperando que sirva) no andaba muy desencaminado: acertó de pleno.

Paco Ibáñez, para vergüenza de muchos de nosotros, intervino. No pude verlo, no quise verlo, no quise romper en mil pedazos un espejo donde solía mirarme. Sé, me lo han contado unos amigos, que dijo unas cosas extrañísimas sobre la forma de ser de los catalanes. Cantó –mejor, entonó- el “Como tú” de León Felipe. ¿Se acuerdan? “Así es mi vida,/ piedra, /como tú. Como tú,/ piedra pequeña;/ como tú,/ piedra ligera; /… como tú, que no has servido/ para ser ni piedra/ de una lonja,/ ni piedra de una audiencia, / ni piedra de un palacio, / ni piedra de una iglesia; / como tú, / piedra aventurera; /como tú, /que tal vez estás hecha/ sólo para una honda,/ piedra pequeña/ y/ ligera...” ¡Ni piedra de una lonja, ni de piedra de una audiencia, ni de piedra de un palacio ni de una iglesia…!

El gran poeta, el inolvidable poeta republicano no se merecía estar presente en ese encuentro político-musical donde la solidaridad, salvadas algunas excepciones muy meritorias, estuvo años-luz alejada del Camp Nou a lo largo de seis horas. Nos han querido contar de nuevo tantos cuentos y, como exclamaba León Felipe, nos lo sabemos todos.

Por cierto, ¿estaba don Félix Millet en el concierto? ¿Qué pensarán las 400 familias catalanas-molt-catalanes con mando en plaza de todo este despropósito?

PS. Me olvidaba. Que la Fundación Cipriano García -¡Cipriano García-, de CC.OO., convocara a sus simpatizantes para asistir al concierto es una prueba casi irrefutable del grado de confusión político-cultural en el que seguimos inmersos. ¡Nos han ganado por goleada! La presencia de ICV, de la CUP, incluso la presencia de EUiA, era desgraciadamente esperable. ¡La izquierda catalana transformadora en la senda del independentismo neoliberal! ¿Apagamos la luz? ¿Nos vamos?

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

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