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La metamorfosis

Tres relats inspirats en la primera frase de La metamorfosi de Franz Kafka

La transformación


Primera versión

Al despertar Gregorio Samsa una mañana tras un inquieto sueño, se encontró convertido en un insecto... Y dijo: “¡Oh, Dios mío, ¿qué me ha pasado? ¡No!”, exclamó. “Esto no me puede estar sucediendo. Dios mío, ayúdame... Y ahora ¿qué hago?”, preguntó. Pero al verse, vio que nomás su cabeza era humana y el resto del cuerpo era de un insecto muy conocido llamado cucarrón. Se tapó todo el cuerpo, pues al instante llamó a la puerta su esposa, y él dijo: “Entra”, y ella dijo: “¿Qué te pasa? Veo que cada vez estás más gordito, déjame tocarte un brazo”, y alzó la cobija: “¡Oh, Dios mío, ¿qué es esto? Es una broma, ¿verdad?” Y su esposo Samsa, llorando, dijo: “No. Anoche estaba pensando si tú me querías de verdad y al rato me quedé dormido y comencé a soñar que yo era un insecto, y mira, mi sueño se ha convertido en realidad, ¿qué hago?” Y dijo su esposa: “Voy a decir que te has ido a los niños, a tu madre... en fin, a toda persona que pregunte por ti”. “Y yo, ¿qué hago?”, preguntó Samsa, y su mujer dijo: “Te daré comida a escondidas”. “¿Y qué? ¿Me quedaré encerrado aquí hasta que muera?” “¡No!, no digas eso, ¿o es que acaso me crees capaz?”

Al pasar el tiempo, todo fue normal, como lo planeaba la mujer de Samsa, pero Samsa estaba muy triste, pues algunas veces no le daba comida su mujer y, además, extrañaba a sus hijos, a su madre, a todos... Estaba tan deprimido que, un día, cayó al suelo y no se podía levantar, pues con sus patas no estaba acostumbrado a manejarse, gritaba y gritaba, pero nadie le oía (como era un cuarto viejo y sucio, como la azotea o el sótano...) y decía Samsa:

—Subidme a la cama, donde he estado todo este tiempo —y lloraba y lloraba.

A la semana siguiente, la mujer fue a visitar a su esposo para darle comida y pensó: “Oh, Dios mío, ¿hace cuánto que no le doy comida? Bueno, es igual.”

Abrió la puerta y vio tirado a su esposo en el suelo, muerto. Lo cogió como pudo, lo metió en una bolsa plástica grande y lo tiró al río.

Y éste es el fin del pobre Samsa, que por algo llevaba sus dudas sobre si su mujer lo quería, y la respuesta era no, pues si lo hubiera querido, no lo hubiera dejado morir.

Luz Ángela Tello Luna (1º de ESO, grupo B)

 

Segunda versión


Al despertar Laura por la mañana tras un inquieto sueño, se encontró convertida en un monstruoso insecto, el insecto que Laura más odiaba puesto que tenía aracnofobia, es decir, se había convertido en una tarántula de  4 centímetros de largo y 2 de ancho. No se lo podía creer. Primero pensó que era un sueño y siguió durmiendo, pero no lo consiguió.
Se las ingenió para bajar de la cama y fue al comedor  pasando por debajo de la puerta y comprendió cómo se las ingeniaban para pasar los ratones, y prometió cambiar las puertas de toda la casa cuando recuperara su aspecto de humano normal y corriente y fingir que no había pasado nada. Poco después fue a investigar la casa, entró en el lavabo y el suelo estaba lleno de pelusas de su perro Binio, y dijo que cuando recuperara  su forma cepillaría al perro y limpiaría la casa porque estaba llena de bolas de pelo. Pensó por un momento que parecían los rollos de paja de las granjas. Anduvo hasta el comedor, donde vio que a su lado había una ratonera con un ratón de cloaca, y pensó: “Cuando recupere mi cuerpo me encargaré de recogerlo”. Salió al patio, pero cuando salió, se fue corriendo; su perro lo perseguía por toda la casa, y pensó: “Cuando recupere mi aspecto ataré al perro.”
Corrió por la cocina y, de repente, un extraño ruido sonaba. Pensó que era un pájaro, pero comprendió que era un despertador. Poco después se vio envuelto en su cama pero no recordaba el sueño y no sabe por qué llamo al cerrajero para que le cambiara las puertas, cepilló al perro, barrió el lavabo, recogió un ratón de su ratonera, ató al perro con una cuerda en la terraza... Pensó un rato por qué había hecho todo eso y no lo comprendió pero, de repente, vio una araña y no le dio miedo, y se extrañó.

Celeste Muñoz Martínez (1º de ESO, grupo B)

 

Tercera versión

Al despertar Gregorio Samsa una mañana tras un sueño inquieto, se encontró convertido en un monstruoso insecto. Gregorio fue directamente a ver a sus padres y a sus dos hermanos. Su hermano más pequeño, que se llamaba Pedro, dijo:

—¡Un monstruo! ¡Un monstruo!

Su familia se giró rápidamente para ver qué pasaba. El hermano mayor de Gregorio se cayó de la silla donde estaba sentado; su madre, del susto, dio un grito tan fuerte que casi rompe las ventanas; y el padre rompió el periódico que estaba leyendo; en cambio, Pedro no movió ni un músculo. Gregorio dijo:

—Soy yo, Greg...

Antes de que pudiera acabar la frase, su madre ya le había lanzado un jarrón azul. Gregorio abrió sus alas y voló esquivando el jarrón.

—El monstruo vuela —decía Pedro.

Gregorio intentó otra vez decirles que era él, pero era inútil. Su padre cogió el teléfono y llamó a la policía. Pedro, que tenía cinco años, se acercó al enorme mosquito y le preguntó:

—¿Eres tú, Gregorio?

Cuando Gregorio iba a contestar, su hermano ya se había ido porque su madre lo había llamado asustada. Su madre fue a la cocina y cogió una sartén, y su hermano mayor le estaba tirando cosas. Gregorio, al ver que llegaban por lo menos diez coches de policía, se fue volando de su casa.

La policía les hizo a la familia millones de preguntas sobre lo que vieron, olieron e hicieron. La familia y la policía pensaban que el monstruo se había llevado a Gregorio.

Mientras, Gregorio volaba alejándose lo máximo posible de su casa. Vio un punto negro a lo lejos, volaba hacia él. Poco a poco, mientras se acercaba al punto, éste se iba haciendo más y más grande, hasta que pudo ver que eran miles de puntos los que se acercaban a él.

Gregorio, desde que se levantó, había estado pensando todo el tiempo una cosa que ahora decía en voz alta.

—Como en mi sueño.

El montón de puntos eran moscas y mosquitos que iban en busca de su rey.

Sin que Gregorio lo supiera, todos los ejércitos, los militares, todos los políticos, policías, programas de TV e incluso la NASA... estaban hablando de ese monstruo. Había pruebas de que el monstruo existía. La familia de Gregorio, la noche anterior, había estado grabando un vídeo de todos los de la familia. Y ahora, mientras la madre gritaba, el hermano mayor de Gregorio había tenido la idea de grabar a ese monstruo, así que al levantarse del suelo, puso en marcha la cámara que había dejado encima de la mesa la noche anterior y grabó todo lo que sucedió desde ese momento.

Gregorio, al encontrarse con la multitud de insectos, se dio cuenta de que podía hablar con ellos. Todos los insectos decían:

—Gran rey que una vez fuiste un dios, dinos por qué los dioses nos castigáis con la muerte si nos acercamos a vosotros.

No sé cómo Gregorio se las arregló, pero se enteró de que para los insectos los dioses somos los humanos, y les hizo entender que no se tenían que acercar a los dioses (humanos) para nada, porque eran sagrados y por eso los mataban. Tampoco sé cómo se deshizo de esos insectos tan pesados. La mosca más grande de todas se fue con él. Los demás se quedaron. Después Gregorio volvió a su casa y, nada más llegar, volvió a convertirse en niño. La mosca que le siguió nos la quedamos de mascota.

Esto que os he contado es lo que le pasó a mi hermano mayor cuando yo tenía cinco años.

Francisco Cruz Illán (1º de ESO, grupo A)

 

[Aquestes variacions van estar publicades a la revista Sota el cel del Puig, núm. 5, i al Bestiario I (grup A) o al Bestiario II (grup B), segons el cas.]